El primer movimiento del nuevo Congreso del Estado de Quintana Roo ha sido “no mover nada”.
¿Insistirán en el caos en el que acabó la Legislatura XVII?
Por Jaguar Negro
En ciencias políticas el “Gatopardismo” —tomado de una novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa— se usa coloquialmente para decir que, “todo ha cambiado para que nada cambie”.
El primer movimiento de nuevo Congreso de Quintana Roo ha sido, justamente, no mover nada.
Con el argumento de la “estabilidad”, los nuevos inquilinos de la legislatura quintanarroense han dejado en su mismo cubículo a la secretaria general: Lirio Calderón González, “así como de las personas titulares de las subsecretarías de Servicios Administrativos y de Servicios Legislativos”. Es decir, un “gatopardismo estructural”.
Sin ahondar en en el tema —lo haremos más adelante—, la pregunta que surge es si los congresistas dejarán la misma maquinaria morenista, que acabó en desastre.
¿Insistirán en la anacrónica Ley Chaleco?, ¿en el negocio de la cafetería -para lo cual hicieron a un lado la estatua de Don Andrés Quintana Roo? o, después de haber comenzado con un discurso de austeridad republicana, ¿continuarán con un presupuesto de más de 510 millones de pesos que la convierte en una de las legislaturas más caras per capita del país?
Por lo pronto, ya reformaron la Ley Orgánica para tener una mini-Gran Comisión y ahora dejaron en claro que todo sigue como venía…para que quede igual.




















