
Por Jaguar Negro
Dos hechos en dos ciudades muy distantes: una en el norte, otra en el sur de Quintana Roo, han sido escenario de revictimizaciones políticas en las últimas semanas.
La primera se refiere a un personaje político de Cancún: Paul Carrillo de Cáceres, ex priísta.
Fue responsable de la durísima represión contra maestros, en el año 2013, cuando era alcalde (ademas quería cobrarles por los daños de la represión).
Días atrás cuando vino María Luisa Alcalde, nueva presidenta nacional de Morena. Antes del evento, un grupo de morenistas pioneros se apostaron para recordar con mantas este triste suceso y solicitarle a la nueva presidenta del partido que tome cartas en el asunto: todavía no han tenido respuestas. Varios periodistas también fueron gaseados en aquella violenta jornada.
En su discurso de toma de protesta, la presidenta Claudia Sheinbaum marcó su política: «Y nunca vamos a dar una orden para reprimir al pueblo».
No menos peor fue el ecocidio de Malecón Cancún, uno de los más grandes y graves de los que se tenga memoria que, de tan alevoso, fue revertido por la justicia federal. De noche maquinaria pesada arrasó parejo con manglares, fauna y flora. Cerca de 10 años después, apenas se recupera en espacio verde.
Ahí está todavía, como museo del atropello, un edificio que todavía se yergue como elefante blanco a pocos metros de la Plaza de Toros.
Víctima y victimario, en la misma sala de juntas
El otro hecho se produce en Othón P. Blanco. Resulta que la actual alcaldesa, Yensunni Martínez, logró una importante condena contra el entonces candidato de Morena para la presidencia municipal capitalina, Luis Gamero Barranco.
Las pruebas fueron tan contundentes que incluso el denunciado fue inscrito en el registro nacional de personas que cometieron Violencia Política de Género (VPG). Sigue allí.
Lo inverosímil de esta historia es que, desde unas semanas, víctima y victimario conviven a pocos metros en la misma sala de juntas cada semana, desde que Gamero Barranco fuera designado como su secretario general. Lo que representó un logro para las mujeres políticas, quedó sepultado con este nombramiento.
¿Castigo? ¿Venganza? Es como si una mujer violada tuviera que convivir a diario con su violador. Jurídicamente se llama a esto revictimización.
Para recordar un poco el caso, cuando el hoy secretario ya tenía la candidatura en la bolsa, no sólo insultó y denigró a la actual alcaldesa: fue por su propio pie al Ieqroo, Instituto Electoral de Quintana Roo, a removerla de la lista donde figuraba como síndica.
Luego vino el juicio en el que resultó vencedora para lograr la candidatura, pero hoy, convive con su agresor, que tuvo como defensor al actual presidente del Tribunal Electoral de Quintana Roo, Teqroo, Sergio Avilés Demeneghi.
Así es como en la misma bolsa política conviven perseguidos del entonces alcalde y victimario de la alcaldesa. ¿Dónde han quedado la brújula y la memoria?




















