Pocos días antes de la llegada del Covid-19 a América Latina y los fatídicos números de contagios en Ecuador, Rafael Correa, ex presidente de este país, aprovechó la tribuna que le ofreció el ex alcalde de Solidaridad, Filiberto Martínez, durante la XV Cumbre Mundial de Comunicación Política, que abarrotó el Centro de Convenciones de Cancún.
En su ponencia, Correa habló del flagelo de la corrupción, de la necesidad de apoyo a los sectores vulnerables y del compromiso social de los políticos con los ciudadanos; poco abundó sobre comunicación política, que era motivo del encuentro, pero su experiencia al frente de una nación sirvió para ilustrar a los asistentes, algunos con altas aspiraciones y suspiraciones.
«La política no puede ser una afición, peor, un negocio, eso es corrupción. Debe ser una misión, pero no una misión de ganar las próximas elecciones sino sacar a nuestra gente de su desarrollo», dijo el exmandatario.
De paso, aprovechó para quejarse de los medios de comunicación ecuatorianos durante su mandato, a quienes acusó de tener una consigna permanente de atacarlo, «de defender hasta los derechos de los mosquitos» con tal de perjudicarlo.
Plazos cumplidos
Pero bien dice un refrán popular que, «no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague». Y aunque cause suspicacias la coyuntura (la gravedad de los casos de Coronavirus en Ecuador y con ello la necesidad de un respiro para el presidente Lenin Moreno), la realidad es que Correa ya llevaba un rato con este proceso encima. Era cuestión de tiempo que hubiese una sentencia, y ahora, corresponde al ex mandatario responder jurídicamente.
Ese plazo venció este martes, cuando el Tribunal de la Corte Nacional de Justicia de su país lo declaró culpable de corrupción y lo sentenció a ocho años de prisión, junto con su ex vicepresidente, Jorge Glas, y otros 18 personajes, entre altos funcionarios y empresarios involucrados en una presunta red de pagos ilegales a cambio de obra pública.
Según la justicia ecuatoriana, la fiscalía «demostró la existencia de una estructura de corrupción» que permitió la recepción de 7.5 millones de dólares que habrían sido utilizados para promocionar al entonces partido del gobierno, Alianza País, según reporta Clarín.
La respuesta y la fe
Desde Bélgica, donde radica desde 2017, Correa contestó a tuitazos las disposiciones de las autoridades de su país, dijo que «todo era un show» que ya estaba preparado y que estaban usando la justicia para «lograr lo que nunca pudieron en las urnas».
El exmandatario dijo estar bien, solo preocupado por sus correligionarios, confió en que ganarán «a nivel internacional, porque todo es una mamarrachada», aunque reconoció que llevará algunos años. Finalmente, hizo un llamado a los ecuatorianos: «De tu voto depende que esta pesadilla acabe».
Sin embargo, esta tranquilidad no quita que Correa no podrá regresar a Ecuador a menos que quiera ser capturado, pues el delito es imprescriptible; además, la decisión del tribunal trunca sus posibilidades de regreso triunfal por medio de las urnas, pues también lo inhabilitó para participar en política durante el próximo cuarto de siglo, hasta que el ex presidente cumpla los 92 años.
Será cosa de estar al pendiente. Quizá en alguno de los años venideros, si sus abogados no le fallan, Correa pueda dar otra conferencia, ahora sobre cómo enfrentó un duro y largo proceso ante la justicia de su país.
Bueno, esto era lo que buscaban: manejando la justicia lograr lo que nunca pudieron en las urnas.
Yo estoy bien. Me preocupan mis compañeros. De seguro ganaremos a nivel internacional, porque todo es una mamarrachada, pero toma años.
De tu voto depende que esta pesadilla acabe. https://t.co/TSo83MICa4— Rafael Correa (@MashiRafael) April 7, 2020




















