Por Jaguar Negro

Ayer fue anunciado con bombo y platillo que habrá dos nuevos accesos a la playa en Tulum: una gran noticia.

Esto, después de que los movimiento ciudadanos y asociaciones civiles levantaran la voz por lo que era un atropello a la libertad de usar lo que es territorio federal, en especial, algo tan preciado y precioso como las playas de Tulum. La foto del anuncio tiene un sólo rostro que no sonríe: el alcalde Diego Castañón, el mismo que sacó de la galera la (guajira) idea de prohibir el acceso a las playas con sillas, hieleras y comida, para que sólo consuman lo que ofrecen las empresas privadas.

Lo cierto es que tuvo que intervenir la Secretaría de Turismo y la gobernadora Mara Lezama para que volviera un poco el sentido común a un municipio que, sobra decirlo, hace aguas por todos lados.

¿Será por eso que el alcalde no sonríe en la foto? Acaso le explicaron que, desde el gobierno no se puede promover a empresas privadas que lucran con los espacios concesionados?

¿Será porque ha perdido buena parte del control del gobierno ante tanto desatino? ¿Será porque el destino atraviesa una crisis ocupacional, de servicios públicos, inmobiliaria y política? Pero mas que nada, de sentido común, que es lo que tantas veces es tan difícil de encontrar en la política, como la sabiduría que se esconde de los necios.

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