Por Jaguar Negro

Se sabe que hacer política es forma y fondo. Tacto y razón. Algo de lo que la legislatura de Quintana Roo está muy lejos. Mucho.

Basta recordar la parálisis del Congreso del Estado —hace unos pocos años— que debió sesionar fuera de sus instalaciones, por la toma de las mujeres que promovían despenalizar el aborto. Seguramente hubo formas para no llegar a la parálisis, sin embargo, la soberbia es la primera carta a mano.

Finalmente, la ley fue aprobada bajo el mando del Partido Verde en esta legislatura que acaba, aunque el daño estaba hecho.

Morena va dejando detrás de su caótico año de gestión, crisis tras crisis, para volver a la carga por tres años (ver columna de Nicolás Durán de la Sierra)

Primero fue su burdo intento de dar pelea a la concesionaria del servicio de agua potable: Aguakan, sin tener siquiera una mínima estrategia legal contra un peso pesado del mercado, que además, tiene blindada su arquitectura financiera con acciones que vendió a cientos de ciudadanos que serían afectados por una cancelación, como lo proponía Morena, particularmente, el diputado Humberto Aldana.

Después, vino la modificación fallida de una ley al código civil que dejaba al desamparo a los grupos de la diversidad sexual. Y como colofón, se despide Morena con la imposición en Chetumal de una cafetería, pero que afecta justo a un lugar emblemático de los capitalinos, como es el espacio público en el que se emplazaba la estatua de Don Andrés Quintana Roo. ¿Acaso la legislatura no disponía de otro espacio en el recinto que no arrasara con todo y el prócer?

Suspensión de circulación y al corralón

Como si no hubiese crisis detrás de cada paso de esta pobrísima legislatura, ahora arremete contra los motociclistas que, de acuerdo con la reforma del Artículo 218 Bis, deberán portar un chaleco reflectante so pena de suspensión de la circulación y remisión del vehículo a depósito.

“Las personas conductoras de una motocicleta y sus acompañantes están obligadas a usar casco de seguridad que cumpla con lo establecido en las Normas Oficiales Mexicanas vigentes, debidamente colocado y abrochado, el cual deberá contar con la estampa del número de placa correspondiente, así como portar un chaleco reflejante que tenga impreso el número de la placa, mismos que deberán ser otorgados por la autoridad competente”.

Además del error ortográfico (mismo es un adjetivo que significa: idéntico a otro), esta norma, muy polémica en Colombia, incluso allá fue derogada.

Afirmó el diputado Aldana que 80 por ciento de los delitos que se cometen en Quintana Roo se realiza bajo este sistema de transporte. Es decir, que quiere decir que los motociclistas son literalmente un peligro social que ha descubierto y expuesto con esta escalofriante cifra.  

Sería oportuno ver ese estudio, publicarlo, para ver que al menos tenga sustento la iniciativa de ley. A prima facie parece falaz.

¿Cuáles son las penalidades que esto implica para los motociclistas?

De acuerdo con la propuesta, desaprobada en lo particular por la oposición, será la Policía de Tránsito del Estado y de los municipios las que deberán supervisar el cumplimiento a esta disposición, y su incumplimiento, “tendrá una sanción de 7 a 10 veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización vigente, además de las suspensión de la circulación del vehículo para remitirlo al depósito vehicular correspondiente”.

¿Quién gana con todo esto? Grúas, corralones, policías y las malas prácticas que son moneda corriente.

Así como la polémica y fallida ley de Guillermo Brahms para sobrepenalizar a los conductores ebrios tuvo una pésima recepción en el sector turístico y hotelero, dado que ya existen normas al respecto, la llamada “Ley chaleco” no ha tenido una socialización previa, ni menos un fundamento ni sustento claro en sus escasísimas hojas que la sostienen: 12, de las cuales, solo dos corresponden al real fundamento técnico.

Pobrísima despedida de una legislatura para el olvido: cara, inoperante, de una soberbia inversamente proporcional a su estatura intelectual y, sobre todo, carente de sentido común.

 

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