Por Jaguar Negro
Como diría el clásico de Andrés Manuel López Obrador: “¡Fuera máscaras!”.
Ayer, en el registro de candidaturas de Tulum, quedó en claro que el alcalde Diego Castañón sumó a su equipo a la parte “rebelde” de la familia del exalcalde fallecido, Marciano Dzul Caamal.
Como se había informado desde Grupo Pirámide, la familia del jefe político había quedado dividida: entre la hija de Marciano, la diputada por Morena Silvia Dzul y su esposo Bernabé; y por la otra parte, su hermana, Romi-Dzul, exalcaldesa e Ileana Canul de Dzul.
¿Qué había propiciado tal división?
Según la propia familia Dzul-Canul, Castañón les quitó, a pocas semanas del fallecimiento del “tatich”, no sólo al personal de seguridad, sino la operatividad del DIF, donde había quedado Ileana, algo que pidió Marciano respetar en sus últimos días.
Sin embargo, Ileana allí vivió sus días más aciagos y atropellos: como aquella vez que le negaron el micrófono para que no hablara en su propio evento, eliminaron su nombre de una mampara que habían hecho los mismos vecinos y la destitución de personal cercano a la familia del ayuntamiento.
En rebeldía abierta, los Dzul-Canul sumaron fuerza para presionar por espacios: primero intentaron ir por la presidencia municipal, después, por una diputación y, finalmente, recibieron como premio consuelo una segunda regiduría, ni siquiera la sindicatura.
Ahora, la decisión va a contracorriente con las bases electorales en Tulum, donde las familias padecen índices de inseguridad inéditos para el noveno municipio, con problemas severos en la recolección de basura y la proliferación de asentamientos irregulares.
¿Habrán olvidado los Dzul-Canul todos esos atropellos para sumarse al candidato que los ninguneó y desplazó de la manera más torpe?
La historia dice que la sangre maya por naturaleza es rebelde. Eso se sabrá el próximo 2 de junio: si hubo perdón y olvido, o sólo olvido.




















