De ser el corazón de una esperanza de cambio tras lograr por primera vez la transición en Quintana Roo, el Joaquinismo luchará en este proceso electoral por la supervivencia política.

 

Por Luciano Núñez

 

 

En 2016 Carlos Joaquín logró la primera transición para Quintana Roo. Derrotó a su antiguo partido, el PRI, y logró que el PAN-PRD fueran la primera fuerza en el Estado.

Alcanzó la gubernatura y la capital de Estado, con Luis Torres Llanes como candidato; Cozumel, con Perla Tun; Solidaridad, con Cristina Torres y cinco diputaciones de mayoría.

Estaba en el pico de la ola y el corazón del Estado con su lema: Una nueva esperanza.

En su cierre de campaña en Chetumal, prometió trabajar para acabar con las grandes diferencias entre el poderoso Norte Turístico y el Sur de las zonas rurales. “Estas desigualdades son mucho de lo que tenemos que trabajar”, prometió en un discurso prometedor.

A poco más de un año del término de su gobierno, el Joaquinismo se comienza de diluir de ese centro político y esperanzador a las luchas electorales periféricas.

Épica victoria y derrotas en la capital

El primer sacudón al «cambio» llegó justamente de la capital del estado, donde comenzaron los despidos y la contratación de poblanos que desplazaron a los capitalinos. Una vez más aparecieron vocablos muy comunes en el Sur como el «quintanarroísmo» y los «fuereños».

El segundo revés al joaquinismo fue la contratación de empresas de otros estados para fabricar uniformes, otro golpe a la economía de la ciudad que había hecho posible el cambio, con una aplastante victoria del PAN-PRD con sabor a épica.

En Cancún, por ejemplo, Mauricio Góngora ganó la elección por un escaso margen de poco menos de diez mil votos. Cancún es ajeno al devenir político.

Fue el Sur, con su voto meditado, el que hizo posible la transición que vive en estado.

Fuereños con opacos resultados

No menos impopular y contra la tradición capitalina, la modificación a la ley para que, sin residencia, se puedan designar cargos como la Secretaría de Seguridad Pública, que ocupó y ocupa Alberto Capella o el fiscal del Estado, Óscar Montes de Oca, tras el caótico desempeño de Rodolfo del Ángel, premiado ahora en la planilla de regidores del PAN en Solidaridad. Los resultados de los fichajes importados no han dejado contentos ni a propios ni extraños. Y el único que ha cargado con el costo político ha sido el propio gobernador. Los principales asesores se mueven en penumbras.

Elecciones 2018 y el sueño del partido propio

En el proceso electoral 2018, con Andrés Manuel López Obrador en la papeleta, fueron pocos los candidatos que quedaron en pie, tanto del PRI como del PAN. Morena se quedó con la mayoría del Congreso de Quintana Roo y los principales municipios: Benito Juárez, Solidaridad y la capital decidió darle la espalda al cambio.

Con Miguel Ramón Azueta al frente, el joaquinismo creó su propio partido, Confianza por Quintana Roo, en un ejercicio interesante para no quedar presa de otras fuerzas, pero resultó un intento que se desdibujó con escasa o nula participación, con más de relleno y nómina que de ímpetu electoral.

Se hicieron visibles vicios electorales, como la negativa a la participación de José Luis Toledo en Cancún y, la más reciente, en Cozumel, con la negativa de licencia a Perla Tun, antigua aliada que quedó ahora en línea adversaria en el PT. Son decisiones que pasan por municipios con clara directriz estatal.

Caída de banderas

No menores han sido la caída de banderas como la austeridad, con viajes de avión en plena pandemia para festejar bodas en Yucatán; y una deuda pública que alcanzará a varias generaciones, hasta el 2050, con más de 23 mil 600 millones de pesos en deudas, eso sí, la mayor parte de gestiones pasadas, pero también fruto de dos reestructuras, el puente sobre la laguna Nichupté y un último préstamos por 820 millones de pesos.

“Saqueadores, ratas, que se han quedado con la mayoría de los recursos públicos, que les pertenecen a los ciudadanos de Quintana Roo. Recursos que hay que auditar, porque 14 mil pesos que debe cada uno, cada vez que hay problemas, están cobrando esa deuda y no sabemos en qué se invirtió”, dijo y advirtió que investigaría: “caiga quien caiga”.

Eso sí, cayeron muchos, pero los principales operadores financieros, Juan Pablo Guillermo y Eliezer Villanueva, jamás fueron detenidos. Casi todos los “detenidos del cambio”, salvo Roberto Borge, están libres y muchos de ellos en plena campaña electoral. Algunos con causas inventadas, son los heridos del cambio.

Frente a las elecciones del 6 de junio, los candidatos de “Va por Quintana Roo” abandonaron en el arranque el discurso del “Cambio” o el “joaquinismo” como oferta y mensaje político. En Juntos Haremos Historia, Morena y la 4T son banderas y marcas que son bien recibidas en los hogares, decía ayer uno de los candidatos en su arranque.

Con la mayoría de los distritos federales prácticamente en la bolsa de Morena y Cancún (Mara Lezama lidera todas las encuestas), “el cambio” va por recuperar la capital del estado con Juan José Cardín y Solidaridad, con Lili Campos, a todo o nada. Son la clave para la supervivencia política.

Factores políticos, tanto el diseño de candidaturas y viejos (y recientes) agravios, auguran que “El Cambio” podría perder Cozumel e Isla Mujeres, donde el líder político optó por imponer a dos familias en las candidaturas, la propia, con Pedro Joaquín Delbouis; y la Ricalde, con Atenea, en Isla Mujeres, donde ya gobernaba el PRI que relegó sin miramientos.

Camino inverso a Yucatán

En la antesala de la segunda transición gubernamental en 2022, del PAN-PRD a Morena, «El Cambio» enfrenta la más dura elección, en la que sólo le va quedando la periferia de un poder que nunca pudo crecer o ni siquiera mantener.

El camino político de Mauricio Vila, gobernador de Yucatán, fue gobernar primero el corazón del Estado vecino, Mérida, y mantenerlo bajo su bandera durante su mandato, con el panista Renán Barrera. Vila oscina entre el primer y tercer lugar de los mejores mandatarios de México con niveles de seguridad de países de Europa.

Un tránsito a la inversa del Cambio de Quintana Roo, que no pudo entender que la capital del Estado sigue siendo Chetumal, el faro político que un mandatario no deberá perder de vista en la próxima transición.

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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.

Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad. 

Actualmente es director general de Grupo Pirámide.

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