
Por Luciano Núñez
En política no sólo se trata de izar banderas, sino de mantenerlas. El Gobierno del Cambio, que encabeza Carlos Joaquín, ofreció en su campaña un puñado de causas a los ciudadanos, de banderas pues. No muchas, pero sí poderosas, necesarias y urgentes que funcionaron para ganar la elección.
La oferta se sentó en tres bases fundamentales: El combate a la galopante corrupción, que campeaba todo rincón del gobierno anterior; oportunidades para todos, dado que los programas de atención estaban olvidados; y el freno al endeudamiento como lo hicieron los gobiernos de Félix González y Roberto Borge. Y con eso le alcanzó para ganarle al candidato del PRI, Mauricio Góngora, que acaba de salir de prisión para enfrentar su proceso en la comodidad de su hogar.
Justamente, en el combate a la corrupción puso en marcha un programa para recuperar bienes del estado que habían sido vendidos a precio de ganga, principalmente, terrenos de alta plusvalía, así como presuntas irregularidades en el manejo de recursos del Estado, cuyo autor, Juan Pablo Guillermo, nunca fue alcanzado para dar cuentas. Sí encarcelaron al ex secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Mauricio Marrufo; la titular de CAPA, Paula Cetina; Carlos Alberto Acosta Gutiérrez, ex director de la paraestatal VIP Servicios Aéreos Ejecutivos (VIP SAESA), el secretario de gobierno, Gabriel Mendicutti, Mario Castro Basto, titular de Sedeso y el mismo Góngora. El monto recuperado es ínfimo, nos dijo una fuente del mismo gobierno.
¿Qué tienen en común todos estos nombres?: Que casi todos están libres. O porque las causas estuvieron mal formuladas, o porque la acción significaba un golpe de credibilidad para la entrada del gobierno. Incluso, confirma una fuente, existen falsos testimonios en las causas sobre los que podría haber contrademandas por falso testimonio. El único preso que queda a este gobierno que llegó para combatir la corrupción es Roberto Borge (con causas federales), y como el cuento de los perritos, de todos los que tenía el Gobierno del Cambio, sólo uno le va quedando. Los demás estarán apoyando campañas desde el hogar y la clandestinidad.
Nueva deuda que cubrir
En materia de deuda pública, Joaquín se comprometió a no dejar deuda, pero la realidad es que existen créditos impagos que, si no se cubren hasta el último día de su gobierno, pasarán a ser deuda pública, no en la dimensión de sus antecesores, pero sí un pasivo que fue parte central de sus compromisos. Contrató, a corto plazo, 2 mil 647 millones de pesos, de los cuales, el Estado adeuda unos mil 511 millones a doce meses. Y la solución es, justamente, lo que denunciaron de Borge, la venta de terrenos, con lo que el gobierno superaría parte de la pandemia y, sin dudas, las dos campañas que vienen en cuestión de meses.
Programas funcionales
Debe reconocerse que en programas sociales como piso firme, la atención en momentos de pandemia y la libertad de expresión, han sido puntos siempre a favor. Pero en el primer caso, los programas estatales han quedado sepultados por los de la 4T, con becas y apoyo a los adultos mayores y personas con discapacidad. Ha sido el gobernador un gestor siempre abierto al diálogo.
Lo que sí ha cambiado en su gestión es la percepción de seguridad. Como bandera de campaña ha quedado debajo de media asta, con la diversificación de delitos y la siempre presente violencia de la delincuencia en la Zona Norte, y ahora también, en la Zona Sur; con ejecutados en la Othón P. Blanco, Isla Mujeres, Carrillo Puerto y en Tulum, donde el escolta de uno de los hombres de confianza del Gobernador, Jorge Portilla Mánica, ha sido ultimado a plena luz del día.
A todo esto, se suma la decisión de cambiar la vocería, contraviniendo aquella lógica del campo que dice que, salvando toda dimensión, “no se debe cambiar de caballo a mitad del río”, menos aún, ofrecer como estrategia dudosas encuestas que dicen que Carlos Joaquín está entre los mejores gobernadores del país.
Si ya la elección de 2018 fue una prueba fallida para el Cambio, que mordió la agria derrota electoral para hacerse del congreso del Estado, en pronóstico de 2021 es aún peor, con cuatro diputaciones federales casi en la bolsa de la 4T y los municipios más poblados, que dejarían en jaque la elecciones de 2022.
El caso Odebrecht ha golpeado el apellido Joaquín, con la causa abierta sobre el medio hermano de Carlos, Pedro Joaquín Coldwell, y los tentáculos de la megacausa también alcanzarían fibras sensibles del gabinete panista de Quintana Roo.
La salida
La salida de una administración suele ser compleja como la entrada, sobre todo, cuando a su ingreso el gobierno emprendió una cacería (fallida a todas luces), ahora sería lógico que sea blanco del mismo encono, con todos los operadores sueltos y con recursos. Como muestra, un periódico que atacó severamente a Carlos Joaquín y que cerró a su llegada ya anunció su regreso.
A excepción de lograr un acuerdo muy amplio, que parece hasta urgente, a casi dos años de concluir, pareciera para el Cambio comienza a desmoronarse, cuyo desgaste ya tenía antes de la pandemia, y no ha logrado hacer pie con el oscuro panorama para el turismo durante el gobierno; primero con violencia, luego con sargazo y ahora con Coronavirus y violencia. Lo peor: en los próximos meses no habrá llegada de cruceros y la ocupación no alcanza el 30 por ciento.
Las banderas para un político lo son todo, pero cuando no se mantienen, el castigo en las urnas suele ser implacable.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún yt Solidaridad.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide.




















