Primera audiencia pública del gobernador, Carlos Joaquín González, en la capital del estado.

Por Luciano Núñez

El día anterior a la primera audiencia pública con el gobernador Carlos Joaquín González, Silvia Briceño Hernández se sentó frente a una hoja en blanco y escribió pacientemente la solicitud. “En realidad, es una carta”, cuenta y pide no tomarle fotos al contenido. “Las cartas son secretas”, lanza risueña.
Lo que más anhela en la vida es poder volver a ver bien; pero a los 67 años, es más que un milagro conseguir todo el dinero que necesita para la operación. Algo así como una fortuna para una su modesta vida en la colonia Fidel Velázquez de Chetumal. Dice que fue por ayuda. Fue porque quiere ser escuchada y porque hace muchos años que no tiene unos minutos para ella sola con un gobernador. Por eso se levantó a las seis de la mañana; se pintó los labios lo mejor que pudo: porque los años no le quitan lo coqueta y salió a buscar una respuesta. Con los ojos expectantes, se sentó a esperar su turno para obtener una ficha, tal la mecánica de «Platícale al Gobernador», la herramienta de gobierno para escuchar a los ciudadanos en sus demandas más urgentes.
El viento de la bahía hace que las voces que lanzan las bocinas remolineen en la explanada de la Casa de Gobierno, corazón de la histórica Chetumal.
La mecánica

El siguiente paso para Silvia es ser atendida en un módulo, donde un servidor registra el tipo de requerimiento en la computadora. Porque es posible que la demanda requiera atención municipal, y sea el presidente, en este caso Luis Torres, el que deba centrar su atención en el ciudadano. Ahí está el alcalde –carpeta en mano- escuchando a unas jóvenes que le explican sus demandas. Las escucha y analiza con su secretario, Roger Peraza.

La gente fue de a pie, en silla de ruedas; piden medicinas, van por trabajo; van también porque quieren ser escuchados. Porque hay veces que la palabra es más necesaria que el agua. En el ambiente hay nervios en los servidores públicos que se sienten como un primer día de trabajo. “Recién estamos ajustando todo para atender mejor”; dice Patricia López Mancera, directora de relaciones públicas que está al frente de la fila, atenta a cada detalle. En los módulos anteriores hasta llegar al gobernador, están los secretarios con el personal para atender las demandas. Rafael del Pozo, Gerardo Mora, mandan mensajes frenéticamente por celular en un día en el que el auditor Javier Zetina ha presentado su renuncia; mientras, el hormigueo de gente, que comenzó desde las 8, comienza a apagarse conforme pasan las horas.

El gobernador espera en una silla y platica varios minutos con la gente que lo mira con la devoción que exhala el poder. Alrededor, todo parecer en calma. Sin vallas ni corralitos los periodistas podemos asomarnos a ver el desarrollo de la audiencia.
El ejecutivo está de blanco y sonríe. Se ve que disfruta la acción de gobierno y saluda a los que se sientan frente a él a contarles sus problemas, como quien habla con un pariente. Hasta que conduce a los solicitantes con quienes los canalizan para lograr la solución que fueron buscando. Doña Silvia es atendida y sale contenta. Saluda desde lejos y se ve feliz.




















