Martina Dondero
LA VIDA MISMA ES EL PURGATORIO
La resolana me aclara.
Yo estoy hecha de este mar y de esta arena,
algunas cosas que deberían mudarse
siguen atrincheradas en mí,
pero lo que he ganado con los años
cualquiera que pudiera verlo me lo envidiaría.
Hablo de esta confianza plena en la vida.
Tal vez esa confianza, como un sostén,
se convierta en mi madre
cuando ya no tenga madre donde ir a llorar.
Tal vez mi madre
se transforme en aquel sostén invisible,
cuando ya no tenga un cuerpo.
Puedo llorar mientras escribo esta frase
como si las palabras me quemaran de tan dulces,
como si los recuerdos me rodearan ahora mismo
como aves con ganas de comerme.
Soy sustancia de atardecer
como un fuego que,
en lugar de prenderlo todo,
lo apaga.
Sin embargo,
mi fuego también sabe ser manso,
como el de leños que entibian los hogares.
¿Qué es lo que me incomoda cuando decido irme?
¿Por qué me llaman los países por mi nombre,
como si ya me conocieran?
En el fondo,
este mar ya me ha visto antes.
Las olas traen aguas lejanas
y mezclan mar de distintas partes del mundo:
eso es el océano,
una fuente inagotable de vida.
¿Y quién puede temerle a eso?
Estoy en familia
y las aves se me vienen a la cabeza,
como recuerdos con ganas de comerme.
Al final es lo mismo,
las metáforas son como cangrejos
que caminan para cualquier lado.
¿Los cangrejos se me esconden
o se me esconden las manos?
Es lo mismo.
Yo nada más quería decir algo
porque hacía mucho que no decía nada.
Al final,
la vida entera es el purgatorio.
Ni te creas que vas a sanar algo,
no te apures.
Digo que no te presiones y que sigas tu instinto,
que es como una voz que susurra dulcemente,
como una madre
que se ha convertido en un sostén invisible,
que te acaricia cuando las aves hambrientas
se te vienen a la memoria.
Tal vez este sostén al que me refiero
sea una especie de útero.
Ese útero es el purgatorio.
Martina Dondero (Buenos Aires, Argentina, 1990). Vive en Playa del Carmen. Ha estudiado literatura en talleres de dramaturgia, aunque escribe principalmente poesía.
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