Angélica Díaz Ceballos Graf
A NOMBRE SUYO
En el filo se detienen las palabras.
Nada saben del silencio que les ronda.
Una mirada resuelve la urgencia,
la luz se rompe en espejismos.
De esta voz,
de otras voces el dictado primigenio.
El silencio es un grito contenido
a perpetuidad en la pupila.
Mi mano hurga en la hendidura de Cristo,
a su costado de tierra miro los contornos,
en mis ojos la llama se constela.
Heredamos a otros el espectro.
Sólo larvas de luz, te digo
tatuando sus reflejos en el agua.
La luna rompe las sales de su espalda.
A nombre suyo me suscribo,
con mi letargo cobijo su ausencia.
AMALGAMAS
Un demonio rompe los sueños con sus alas,
rumores de la última plegaria,
engendro de alientos terrenales
que en culpa reciclada se repiten
haciendo con sus fibras torpes mundos.
Fundirse en otra cruz es el conjuro:
amalgamas de luz y de tiniebla.
Dentro del polvo revientan eras.
Caigo en espirales al olvido.
A los espasmos de luz,
vertidos en soledad indiscutible,
el llanto les acota el pulso
ciñéndolos a otra altura.
Es niño el sueño,
parpadea en otras estancias de la luz
(prodigio indivisible canta).
El silencio del que calla germina en sus oídos,
desentendido de la gloria vaga en los egos.
Sabiéndose de sal,
sabiéndose de sombra centinela es de sí mismo,
obnubilado da voz con su voz a los proscritos,
los ausentes, los que dudan.
Recordar a Dios le hiere,
llamarlo todo el tiempo
es estar ardiendo a solas.
Tañe su locura, vibra en sortilegios,
cubre sus espaldas con el polvo
que otros dejaron como testimonio de renuncia.
POEMA UNO
La fatiga de mi sombra apenas liquen
que recorre el andurrial de mi memoria,
andamiaje interno de estos huesos
que crujen al latir de mi conciencia.
Transcurro en solitud por sortilegios,
prodigios del destello, aristas, formas…
Cifro los pasos en esta ceguera,
no tengo pies.
En sacros misterios me sumerjo buscando su estatura,
sin saber si vivo o muero,
si suya soy,
si yo soy,
si somos uno que se incendia:
un holograma, una materia, un sonido;
si está en mí o estoy en él,
si somos alumbramiento o tedio.
Un día más absorta en la torpeza
de mirar lo mismo en la ventana,
espero que el azul se desvanezca…
(todo se desfragmenta, soy testigo).
Escucho el rumor adentro mío,
un quejido apenas,
sin certeza de ti,
no sé quién soy,
si a mí me estoy hablando,
si yo soy o soy yo quien esto escribe
o es él que está preso en esta carne,
buscando la salida de este cuerpo
y esta mente es su cancerbero.
Pongo en duda lo que escucho,
lo que veo.
Me desapego, suelto los conceptos,
pretendo descifrar la sinfonía
de los pájaros que cantan en orden a intervalos,
como si con ello certificaran
la luminiscencia de la mañana,
autorizando el vuelo y a nosotros;
trazando líneas, coordenadas, mapas, redes,
de dimensión a dimensión surcando cielos.

Angélica Díaz Ceballos Graf (Ciudad de México, 1964). Vive en Cancún. Su obra poética y periodística aparece en numerosas revistas, periódicos y antologías. Ha fungido como jurado de concursos literarios internacionales y ha impartido talleres de poesía.
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