Odysséas Elýtis

DORMIDA

La voz se corta en el trémulo viento

y en sus árboles ocultos tú respiras.

¡Es rubia cada página de tu sueño

y según mueves tus dedos un incendio se esparce

dentro de mí con vestigios tomados del sol!

Propicio sopla el mundo de las imágenes

y el mañana exhibe totalmente desnudo

su pecho marcado por la inmutable estrella

que anochece la mirada,

como cuando va a agotar un firmamento.

Oh no florezcas más en los párpados.

Oh no remuevas más en las matas del sueño.

¿Sabes que suplica en los dedos

el aceite que guarda los portales del alba?

Qué fresca revelación susurra en la espera

el recuerdo convertido en hierba,

allí donde tiene esperanza el mundo,

allí donde el hombre no quiere sino ser hombre

en soledad y sin ningún destino.

HELENA

La primera gota de lluvia asesinó el verano.

Se mojaron las palabras

que engendraron claridades de estrellas.

¡Todas las palabras únicamente dedicadas a ti!

¿Adónde tenderemos las manos

si el tiempo nos desdeña?

¿Dónde dejaremos los ojos

si los últimos perfiles zozobraron en las nubes,

si tus párpados se cerraron sobre nuestros paisajes

y estamos –como si la niebla pasase entre nosotros–

terriblemente solos,

rodeados por tus imágenes muertas?

 

Con la frente en el cristal,

velamos el nuevo sufrimiento.

No es la muerte quien nos rendirá

puesto que tú existes,

puesto que existe en otro lugar

un viento para vivirte eternamente,

para vestirte de cerca,

como se viste de lejos nuestra esperanza.

 

Puesto que existe en otro lugar

una verde llanura que se extiende desde tu sonrisa al sol,

diciéndole en confianza que volveremos a encontrarnos,

una pequeña gota de lluvia otoñal,

un confuso sentimiento,

el aroma de tierra húmeda

en nuestras almas que tanto se separan.

 

Aunque no esté tu mano en nuestras manos,

aunque no esté nuestra sangre en las venas de tus sueños,

hay luz en el cielo inmaculado

y la música invisible entra en nosotros,

¡ay!, melancólica

pasajera de cuanto nos retiene aún en el mundo.

Es húmedo el aire, la hora del otoño, la separación,

el apoyo amargo del codo en el recuerdo

que aparece cuando la noche nos separa de la luz,

tras la ventana rectangular que mira la tristeza,

que no ve nada,

porque se hizo música invisible, llama en la chimenea,

golpe del gran reloj en la pared.

Porque se hizo

poema verso a verso,

exhalación paralela a la lluvia,

a las lágrimas, a las palabras.

 

Palabras no como las otras, sino únicamente dedicadas a ti.

DEL EGEO

I

El amor,

el archipiélago

y la proa de sus espumas

y las gaviotas de sus sueños.

En la vela más alta,

el marinero hace ondear

una canción.

 

El amor,

su canción

y los horizontes de su viaje

y el eco de su nostalgia.

En la roca más mojada,

la novia espera un barco.

 

El amor,

su barco,

y la despreocupación por sus vientos etesios

y el foque de su esperanza.

En su más suave oleaje,

una isla acuna

la llegada.

II

Juguetes son las aguas

y en los sombríos vados

anuncian con sus besos el alba

que despunta

el horizonte.

 

Las palomas torcaces con un eco

hacen resonar en su cueva

el despertar azul de la fuente,

del día,

del sol.

 

Da el mistral la vela

al mar,

a las caricias de los cabellos,

a la indolencia de su sueño.

 

Una ola en la luz

hace renacer los ojos

donde la vida boga

hacia la contemplación.

III

Murmullo beso en su arena acariciada,

amor.

Su libertad azul gaviota

entrega el horizonte.

Olas vienen y van,

espumosa respuesta

en los oídos de las caracolas.

¿Quién se llevó a la muchacha rubia

y quemada por el sol?

La brisa con su soplo transparente

inclina la vela del sueño.

A lo lejos,

el amor su promesa murmura.

R

Odysséas Elýtis (Heraclión, 1911-Atenas, 1996). Poeta griego, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1979 y considerado como uno de los renovadores de la poesía europea en el decurso del siglo xx. Son algunos de sus libros Orientaciones, Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania, El sol primero, El adivino y María Neféli.

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