Rigoberto Rodríguez Entenza

EPIGRAMA

De quien amas

como de la moneda

no esperes cara y cruz.

Ni siquiera esperes

cara o cruz.

Espera

simplemente

que ruede.

LOS AMANTES

Dos amantes se besan en una pantalla,

exponen la felicidad para invitar a las imitaciones.

Son dos simples amantes

contándose la vida gota a gota.

 

El odio está opacado por la belleza del atardecer,

también son invisibles la suciedad y el silencio

en un restaurant al aire libre.

Ni lo imperdonable ni el ramo de olvido

se distinguen en la película de los amantes.

 

No hay traición ni secretos

sólo existe la poesía intensa

de una vida intensa como un mar sin olas.

Sólo existen dos barajas que entregan la eternidad,

son dos mansas palomas a ras de tierra.

DE TALES AMANTES TAL HISTORIA

Una tal Patricia y un tal Rigoberto de la Caridad

escapan del tumulto

y entran sofocados al cine

en el momento clímax de la película.

Ya la tal Patricia y el tal Rigoberto de la Caridad

como protagonistas al fin

han vivido casi ochenta años

de aventureros, como es lógico,

y se han amado a pesar del hambre.

La producción no pertenece

a esas que hacen llorar

y al final inundan la sala de suspiros,

de gente felizmente engañada.

Si así fuere, esta vez

hubieran trasnochado

y casi muerto

terminarían sonriendo

y besándose,

pensando que los tales dormirían bien.

Pero en la historia que ellos iniciaron,

huyendo del tumulto,

aparecen con sus ochenta años

y la felicidad en la memoria

mientras tiran su piel

una contra el otro

y mueren

la tal Patricia en Francia

y el tal Rigoberto de la Caridad

en no sé qué rincón de Buenos Aires.

Entonces los tales salen del cine

y mientras se incorporan

tratan de explicarse

y discuten:

–La culpa fue del tal Rigoberto de la Caridad.

–No, mi amor, la culpa fue de la tal Patricia.

Y así se despiden

creyendo cada uno por su parte

que el otro está desnudo.

Rigoberto Rodríguez Entenza (Sancti Spíritus, 1963). Son algunos de sus libros De tales amantes tal historia, Livianos, La mano y el silencio, Sitios cruzados, Cuerpo de álamo… En 1997, ganó el Premio Nacional de Poesía Eliseo Diego. Vive en Cuba.

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