Meztli Vianey Suárez

EL JOVEN NARCISO

Mira a través de mis ojos

la inmensidad de estos jardines rellenos de adulación e idolatría.

 

¿Cuándo llegas, espacio infinito y dulce que mueve el mundo

cuando una bailarina vuela en las carpas?

Sé que aprisionas el perfume, la intemperie,

el plomo amado en la cabeza de un pequeño

y duermes ahí como una semilla insoluble,

siniestra esencia fragmentada en cada instante.

 

Me deslizo descalzo con un quinqué en las manos

entre las flores de plata con olor a vainilla,

duermo junto a los muros

para escuchar tu llegada tan precisa como el ocio.

 

No faltan días en que mi perfección extrañe el Paraíso

alfombrado de criaturas mutiladas,

donde la posible trama

sean píldoras en lagos nocturnos.

 

La luz se filtra en los telones.

Afuera la multitud,

acostumbrada al desenlace,

desgarra sus máscaras.

 

No sé el fin donde desmenuzamos la soledad de un mito,

porque al reverso el mar de aplausos reclama iluminar noche de lágrimas.

 

El lago tatuado de tu nombre me llama Absurdo,

finjo abandonar mi piel morena en el espejo.

En el anfiteatro,

la alquimia del cobre se torna silencio.

 

No es la tentación de mi rostro,

no es lo indivisible que pueda resultar del amor propio,

tiembla mi cuerpo y la inmensidad me absorbe.

 

Los espectadores felices parten

ignorando cuál es la frontera universal

que te convierte en el pan de cada día.

CALMA NOCTURNA

Las manos que mecieron la cuna de tu infancia

te abandonaron hermosa en primavera

e incrédula fuiste al templo en busca de respuestas.

 

Amados aquellos que despiertan en un desfile de vestidos negros

y viven arrullados de sorpresas

porque de ellos será el reino de los ciegos.

 

Entonces regresaste a casa con más dudas que ganancias

y gritaste en el jardín donde nada crece.

Bienvenidos a la carne y al polvo de la mesa

porque eso somos después de los recuerdos.

 

Derrotada partiste del pueblo

y en cada frontera el amor sostuvo

su piel agonizante en una caja con espadas.

 

Entonces los siameses murmuraban con tus súplicas al mundo

y te recibieron con los brazos abiertos.

Aquel día tu semblante cambió

miraste el ocaso como quien mira a su padre

y te metiste en las aguas sin respuestas.

HE OLVIDADO…

Los ancianos preocupan

aunque después de moribundos

resbala su pegajosa desnudez sobre las sábanas

algunos despiertan y observan intranquilos

la vida ya morada sujeta a sus tobillos.

Inofensivos vuelven al sueño

como niños con un extraño vínculo con el mundo.

Meztli Vianey Suárez (Chetumal, México, 1980). Es autora de los poemarios El insólito tiempo de escribir, Sombra de mi sombra y Memorias después de las lluvias. Ha ganado diversos premios. Su obra aparece en numerosas antologías en México y el mundo.

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