Enrique Sáinz

(Segunda parte y final)

Como trasfondo de la poética de Perse encontramos una auténtica concepción humanista y su consecuente sentido ético. El hombre está en el centro de esta cosmovisión y de él se nutren los textos, si bien se trata de un hombre absoluto, colectivo, anónimo, paradigma atemporal cuyo principio de conducta es precisamente su quehacer fundacional, su entidad histórica por encima de toda circunstancia social.

Es la suya una eticidad surgida de las relaciones burguesas en la medida en que asume y propone como imagen ideal del suceder histórico la dependencia jerarquizada de raíz aristocratizante.

La exaltación de la imagen del hombre universal más allá de latitudes y culturas y el canto de alabanza perpetua a la batalla del hombre en constante lucha por hacerse a sí mismo en fecundo diálogo con la naturaleza, hacen de esta poesía un ejemplo de humanismo trascendente, quizás el único entre todos los grandes poetas contemporáneos que logra integrar el pasado como un elemento verdaderamente creador.

Recordemos el sombrío testimonio de otros poetas mayores de este siglo (Trakl, Eliot, Rilke), exponentes de una profunda crisis que en ocasiones muestra tonos de desesperanza y de angustia insolubles.

Perse, atento a una tradición intelectual que parte de otros presupuestos y diferentes circunstancias, y continuador, a su vez, de una línea que en la propia literatura francesa tiene muy altos representantes (Claudel: Cinq grandes odes [Cinco grandes odas]; Gide: Les nourritures terrestres [Los alimentos terrestres]), nos entrega otra dimensión del hombre, con más fecundas posibilidades de realización.

Podemos llegar a la conclusión, en ese sentido, de que la obra de Perse asume la decadencia de su momento como una realidad que el hombre puede superar a partir de sí mismo, si bien esa lectura puede traer implícita la conciencia, en el poeta, de la crisis del presente.

Poesía del esplendor y la grandeza del hombre –grandeza forjada con oficios nobles y con oficios reprobables–, la obra de Perse se desentiende de los conflictos existenciales derivados de la crisis de la concepción burguesa del mundo.

El concepto de alienación subyace en esa mirada a la Historia en tanto negación del presente, pero adquiere una significación de mayores alcances, la apertura hacia una plenitud vital que no hallamos en otros creadores de talla universal de la lírica contemporánea, como ya quedó señalado.

La presencia de la naturaleza, riquísima en su multiplicidad, en su infinitud y en su fuerza fecundante, y a la vez escenario consustancial de la Historia, confiere a los textos de Perse un vigor que sólo es posible encontrar en los grandes románticos, aunque con un sentido diferente.

A pesar de que no puede afirmarse con fundamento sólido que la poética de Éloges [Elogios], Amers [Mares] o Vents [Vientos] se haya integrado sin la influencia de los mayores representantes del romanticismo, si es incuestionable que su asimilación trae implícitas otras inquietudes, en primer lugar el concepto inmanentista de la cultura del que parte su autor.

El sabor épico y la imagen de la naturaleza que transmiten estos libros (el corpus lírico total de Perse) nos dicen, de modo inequívoco, que estamos ante un creador de una originalidad muy propia en relación con sus coetáneos y con sus predecesores inmediatos, en especial los franceses.

Aunque en una dirección diferente, coincide con Valéry en sus posiciones antirrománticas, pero se mantiene distante de los postulados teóricos y filosóficos de Charmes [Encantos], concretamente en el plano formal, de tanta importancia en la elaboración de los preceptos puristas y en la escritura de poemas claves (“La jeune parque” [“La joven parca”] y “Le cimetière marin” [“El cementerio marino”]). La poética de Perse está más cerca del racionalismo historicista que del espíritu geometrizante y del idealismo trascendente de los simbolistas.

Importantes consecuencias de orden formal se derivan, en esta obra, de la influencia del racionalismo (realismo) historicista –historicista por cuanto aprehende y da carácter paradigmático a hechos concretos de la Historia en tanto sustrato de la poética, ahistoricista en la medida en que ese acontecer es elevado a categoría de absoluto y situado por encima de una conciencia del devenir sujeta a leyes rigurosas–.

La estructura del poema es libre al modo del poema en prosa, sujeto sólo a ritmo interior, en el caso de Perse determinado por la frecuente enumeración y sus obligadas rupturas para crear la frase total, como en este ejemplo de Anabase, parte X:

“Muchas cosas más a la altura de nuestras sienes: los vendajes de animales en los suburbios, los movimientos de multitudes hacia los esquiladores, los poceros y los castradores de caballos; las especulaciones en el soplo de las cosechas y la ventilación de hierbas, en lo alto de horcones sobre los tejados; las construcciones de cercas de tierra cocida y rosa, de secaderos de carne en forma de terrazas, de galerías para los sacerdotes, de capitanías; los patios inmensos del veterinario; las prestaciones para el mantenimiento de caminos de herradura, las sendas en zigzag por los desfiladeros; las fundaciones de hospicios en terrenos baldíos; las escrituras a la llegada de las caravanas y los licenciamientos de escoltas en los barrios de los cambistas; las popularidades nacientes bajo el tejadillo, ante las tinas de frituras; las protestaciones de títulos de crédito; las destrucciones de animales albinos, de gusanos blancos bajo la tierra; las hogueras de zarzas y de espinos en los lugares contaminados de muerte, la fabricación de un hermoso pan de cebada y de sésamo; o bien de espelta; y la humareda de los hombres por todas partes…”

Enrique Saínz (La Habana, Cuba, 1941-2022). Autor de, entre otros libros fundamentales de ensayos críticos: Diálogos con la poesía, La obra poética de Cintio Vitier, Indagaciones, La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación, Silvestre de Balboa y la literatura cubana, La literatura cubana de 1700 a 1790, y Trayectoria poética y crítica de Regino Boti.

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