Narración matizada con sugerencias culinarias y eróticas.

Miguel Ignacio Miranda

Lo nuestro será delicioso. Primero te comeré a besos, te diré lo hermosa que eres y lo mucho que me gustas. Extasiada, cruzarás lentamente el Rubicón de mi deseo. Cenaremos, a la luz de las velas, verduras salteadas y mucho vino. Te daré bellotas de Nueva Zelanda y trufas piamontesas; el vino inundará tu cuerpo, te sentirás feliz. Haremos el amor entre mordiscos; paladearé tus carnes vivas, como un ostión que dejará pronto su concha. Un elixir salado me llevará a sentir lo marmoleado de tus nalgas, par de piezas deliciosas, duras, fibrosas. Tus veinte años te otorgan calidad y turgencia: un sabor caucásico aderezado con nuez. Dormiremos desnudos, satisfechos. Al tiempo, tendrás resaca y habrá mucha agua para que orines y despejes tu cuerpo de ansiedades. Yo te seguiré siempre, en tu camino al baño, desnuda y apacible, como una oveja que despierta en el sueño de otro. Observaré tu carne firme como se desliza en el retrete. Podría beber todo lo que fluye de ti, pero no lo necesito. Simplemente esperaré tu regreso al lecho para besarte y poseerte de nuevo, entre caricias, entre besos. Cuando el éxtasis arribe, asestaré el más filoso de todos los metales en tu nuca inmarcesible y tus ojos se pondrán en blanco, imaginando el amanecer que nunca fue, que no llegó. Pero aún olerás a vino y a trufas y tu sangre será un efluvio magnífico y entonces podré dejar que te desagües, mientras te desuello, pálida y exquisita. Tu mirada estará bocabajo y tu cabello rozando el suelo; los talones colgando de sendos garfios. Te desmembraré poco a poco y lavaré con agua lo que antes saboreé con mis besos. Todos tus encantos se antojarán apetitosos, aserraré la espina y mantendré alguna carne en su propio hueso. Lo mejor de ti está en esa grupa primorosa, que horas antes se bamboleaba al caminar, pero tendré que dejarte marinar. El mezquite deberá estar gris, la brasa quieta. No estoy seguro si vas mejor con romero o al eneldo, entretanto te sigo deseando, cierro mis ojos y paladeo cada trozo, cada bocado, cada tarascada, hambriento de ti, mi exquisito platillo favorito.

Miguel Miranda (Ciudad de México, 1966). Cofundador de Malix Editores, en Cancún, donde participa como diseñador editorial e imparte talleres de escritura creativa. Miembro del taller de poesía DiVerso. Ha publicado reseñas literarias, cuentos y artículos de corte cultural en diferentes medios. Aparece en diversas antologías. Es autor del libro de cuentos Antología de nada.

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1 comentario

  1. Mi querido Miguel,
    ¡magnifico cuento!

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