Sobre el juego, la vida y la muerte gira esta narración.
Daniela Palacios
Quisiera poder explicar que yo solamente miré sus ojos. ¿Cómo puedo decirles qué es estar viviendo dos realidades al mismo tiempo? Ojalá entendiera yo mismo cómo en medio de este estadio lleno de ruidos: porras, gritos, cantos, sonidos del marcador, o sea tanta emoción expresada en un escándalo, puede un momento convertirse en un total silencio y traspasar mi vida entera exacta, ¿cómo? Fue como un paréntesis sonoro en el que todo se congeló, como si la vida cambiara de velocidad con solamente poner atención al latido de mi corazón, mi corazón, su ritmo, el cual me hizo voltear instintivamente hacia las gradas con una certeza extraña. Yo sabía que ella estaba ahí, sabía exactamente el sitio que ocupaba, su magnetismo al observarme me atraía inevitablemente. Al mirarla, toda la tensión del juego quedó suspendida, el sol me cegó y todo fue confuso, menos su extraordinaria mirada.
Ahí estaba ella: hermosa, altiva, sus ojos fijos en los míos reduciendo a nada la distancia entre nosotros, suplicante y aterrada.
Cuando di la vuelta buscando a mi equipo me vi totalmente vestido de plumas, mi cuerpo semidesnudo y decorado con pigmentos, tatuado y horadado. Éramos siete jugadores y solamente podíamos golpear la pelota de caucho con nuestra cadera, yo sabía perfectamente lo que debía hacer, y mi cuerpo era ágil y poderoso. Había antorchas por ambos lados y animales llenándonos de fuerza. Yo debía anotar, si no lo hacía moriría y sus bellos ojos presenciarían mi decapitación. Mi muerte en ese ritual significaba la luz para el Universo y la oscuridad para su corazón. Una princesa maya enamorada de un jugador destinado al sacrificio, suplicando a los dioses por su vida, suplicando otra realidad posible con todo su corazón, con toda su pasión.
Dicen que el poder de una mujer que ha sido educada en el conocimiento de su energía sexual es capaz de crear realidades, de alterar el tiempo. Ella solía danzar en la selva y con el fuego peinaba su cabello haciendo cantos especiales bajo la luna, creaba lazos con el manantial y susurraba al viento sus deseos. Y cuando supo del ritual reunió toda aquella fuerza junto con cada uno de nuestros besos y los envolvió en un papel amate untado con resina de copal y lo encendió aquella noche. Habló con el humo que de ahí surgió, clamó a la luna y todos los animales se reunieron a su lado para acompañarla.
Yo llevaba de un lado a otro la pequeña pelota de caucho que lanzaba con mi cadera, corría y la contactaba después del rebote del lanzamiento de un compañero, vi la pelota en el aire, justo en el lugar indicado para hacerla atravesar por ese pequeño aro de piedra bellamente decorado, ese aro que significaba el cambio eterno del amanecer, de la vida y la muerte, del ingreso a otro lado. Al lanzar mi cuerpo y la pelota al aro, escuché el grito de esa hermosísima y mágica mujer que yo amaba. “¡Ahora!”, clamó ella a voz de cuello y, al voltear, sus ojos se metieron en los míos y ya sólo vi la luz del sol, su destello enceguecedor y el sonido de mi corazón: pok a pok, como el de la pelota rebotando en los muros de piedra.
El contacto fuerte de un jugador me sacudió de tal manera que casi caigo al césped, y de pronto sentí la ligereza del estadio, escuché los gritos y ánimos de las gradas, miré con gusto mi uniforme y reconocí a mis compañeros; y corrí, sin dudas, con un valor nuevo. Nadie fue capaz de quitarme el balón, tan grande y suave. Corrí seguro y burlé a todos. Sentía la alegría de la vida, del juego como un juego, y lancé, con una fuerza que venía desde mi cadera, la pelota a ese enorme espacio llamado portería. Resultaba tan fácil que no lo podía creer. Por supuesto que anoté el primero de muchos goles sostenidos por el recuerdo de lo que fui por unos minutos o vidas, y por la magia transportadora que tiene la misteriosa mirada de mi amada, mirada que se extiende por los ríos y las aves, que transporta tiempos y lugares, que se enciende desde el centro de su poder vital.
Daniela Palacios (Ciudad de México, 1966). Artista visual radicada en Cancún desde hace décadas, cuya obra (concebida en diferentes técnicas y estilos) ha sido expuesta y premiada en múltiples espacios. Ha ejercido con hondura la crítica de arte y la docencia estética.
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