Tulum, uno de los destinos turísticos más emblemáticos de la Riviera Maya, se ha convertido en el epicentro de la violencia organizada —una realidad ampliamente documentada y todo ello ocurre bajo la mirada indiferente del gobierno municipal encabezado por Diego Castañón.
La madrugada del martes, las comunidades de Macario Gómez y Francisco Uh May vivieron un nuevo episodio de terror con un macabro hallazgo: dos hombres, presuntamente víctimas de un «levantón» en la transitada avenida Cobá de Tulum, fueron encontrados con huellas de violencia extrema. Uno de ellos yacía muerto en el interior de un vehículo KIA Río color plata, mientras el otro, gravemente herido por disparos, logró sobrevivir, por ahora.
Este violento suceso no es un hecho aislado, sino la culminación de una serie de eventos que han convertido a Tulum en una zona de guerra. A pesar de que el municipio cuenta con uno de los mayores dispositivos de seguridad en la región, con presencia permanente de elementos de la Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad, la violencia sigue creciendo.
Los patrullajes constantes y las intervenciones de fuerzas federales no parecen tener un impacto real en la contención de la delincuencia, dejando en evidencia la total ineficacia del gobierno local para proteger a sus ciudadanos.
Todo comenzó con un reporte al 911 sobre un hombre herido por proyectil de arma de fuego frente al hotel Aldea Balam, en la zona limítrofe entre Macario Gómez y Francisco Uh May, en donde al llegar los paramédicos, encontraron a un hombre con una herida en la pierna izquierda, quien fue trasladado al Hospital General de Playa del Carmen, donde su vida se encuentra en un delicado estado.
Minutos después, una segunda llamada alertó sobre otro herido a solo unas cuadras del primer hallazgo. Los paramédicos llegaron rápidamente, pero ya era demasiado tarde: el segundo hombre había muerto tras recibir al menos seis disparos. Las primeras investigaciones sugieren que ambos hombres habían sido secuestrados en la misma avenida Cobá antes de ser ejecutados.
Este episodio evidencia el incremento sostenido de la violencia en la región, que no cede pese a las constantes promesas del gobierno municipal. A pesar de la alta presencia de la Guardia Nacional y los operativos de seguridad, los grupos delictivos se sienten más poderosos que nunca, disputándose el control de las calles y extendiendo su dominio sobre la venta de drogas, extorsiones y secuestros, que ocurren sin cesar durante todo el día.
El fallido “Plan de Blindaje Tulum”, que lanzó el gobierno municipal con gran pompa y que tuvo su punto más crítico con la muerte del extitular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, José Roberto Rodríguez Bautista en un ataque armado ocurrido en marzo pasado, ha dejado claro el deterioro de la capacidad institucional y la debilidad de las autoridades ante la creciente ola de violencia. La impunidad sigue creciendo, alimentada por la falta de acción efectiva y la complacencia de un cabildo que no responde a las demandas de la población.
La percepción de inseguridad en Tulum es cada vez más evidente, mientras el gobierno de Diego Castañón se muestra pasivo ante una crisis que ya desbordó cualquier intento de control. Con información de El Despertador de Quintana Roo.




















