El Caribe Mexicano atraviesa una de sus etapas más complicadas: con una caída sostenida en la llegada de visitantes, reducción de operaciones aéreas, bajos niveles de ocupación hotelera, presión cambiaria, aumento en los costos operativos y el creciente gasto para enfrentar el sargazo.
Para Dolores López Lira, presidenta del Consejo de Grupo Lomas, la situación que vive actualmente el destino es incluso más grave que la experimentada durante la pandemia de Covid-19, al grado de obligar a las empresas a modificar sus estrategias para sobrevivir en un mercado debilitado.
“Estamos conscientes de que estamos viviendo la peor época del Caribe mexicano; ni en la pandemia nos fue como nos ha estado yendo este verano. Entonces, tenemos que unir esfuerzos”, declaró.
Uno de los principales indicadores de la crisis es la disminución en la conectividad aérea. De acuerdo con la empresaria, en las últimas semanas las operaciones diarias en el Aeropuerto Internacional de Cancún pasaron de más de 700 a poco más de 300 vuelos, lo que representa una reducción cercana al 50 por ciento.
La caída también se refleja directamente en la ocupación hotelera. En diversos centros de hospedaje, particularmente de la Riviera Maya, los niveles de ocupación apenas promedian entre 35 y 40 por ciento durante una temporada que tradicionalmente representa uno de los periodos de mayor actividad para el sector.
Entre los factores externos que han golpeado al Caribe Mexicano se encuentra la reubicación de vuelos de aerolíneas estadounidenses hacia rutas internas relacionadas con la celebración del Mundial de Futbol, así como los estrictos controles migratorios en Estados Unidos.
Estas políticas, señaló, han desalentado los viajes desde mercados estratégicos para Quintana Roo, particularmente Texas, una de las principales regiones emisoras de turistas hacia Cancún y la Riviera Maya.
Pero los problemas no se limitan a factores externos. La apreciación del peso frente al dólar también ha reducido los ingresos reales de las empresas turísticas, cuya actividad depende en gran medida de los ingresos generados en moneda estadounidense.
Mientras los ingresos disminuyen por el tipo de cambio, los costos continúan al alza. Impuestos, salarios, insumos y combustibles han incrementado su precio durante los últimos años, generando una presión adicional sobre hoteles, parques, agencias y demás empresas vinculadas a la actividad turística.
A este escenario se suma uno de los problemas estructurales que cada año enfrenta el Caribe Mexicano: el sargazo.
Para el sector hotelero, la llegada masiva de esta macroalga representa un gasto cada vez mayor. En el caso de Grupo Lomas, la instalación de barreras protectoras ha significado una inversión superior a los 30 millones de pesos, recursos que no estaban contemplados originalmente en la operación de las empresas.
La expectativa empresarial es que el mercado pueda comenzar a recuperarse a partir de noviembre. (Con información de La Jornada Maya).
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