Por Pájaros en el Alambre

En Cancún la historia es harto conocida: cientos (o miles) de trabajadores de la industria hotelera le dieron la espalda: decidieron emprender negocios propios. Las razones: la paga no es lo que fue hace unos años, las propinas no son nada transparentes y los horarios laborales jamás se respetan.

Mientras la industria va sumando hoteles y parques y negocios, la pauperización ha sido el sello de las y los tratadores en los últimos años. Es por ello que ha sido relevante la incorporación de este factor en el lenguaje de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, quien ayer en una de sus primeras intervenciones dejó bastante claro el seguir consolidando el modelo de negocios, “buscar desarrollo sí, sostenible y sustentable, más cuartos de hotel, diversificación, pero siempre mejorar la calidad de vida de las y los habitantes, de las y los trabajadores de la industria turística”, expreso textualmente.

Bienestar compartido

Porque el discurso fundacional de la primera mandataria mujer de Quintana Roo ha sido que el bienestar de la boyante industria hotelera sea compartido, algo que no se ha dado en los últimos sexenios que la precedieron.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi informó en agosto pasado que el 47 por ciento de los empleados del sector turístico ganan entre 18 mil a 20 mil pesos mensuales, pero la mayor parte es a través de las propinas. Y si hablamos de propinas, muchos hoteleros adoptaron la inclusión de tarifas de cuarto con propinas incluidas, cuya distribución no está para nada clara.

Más que nunca el discurso político que incorpora los derechos laborales se hace, no sólo importante, sino fundamental para la salud del destino: las y los tratadores son la esencia del éxito de los destinos quintanarroenses. La excelencia en el servicio ha hecho que Quintana Roo brille entre la creciente oferta turística.

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