Por Ignacio Alonso Velasco
La frontera-cooperación e integración entre dos comunidades vecinas se distribuye por territorios en los cuales las fronteras parten áreas urbanas (donde existen fuertes interrelaciones y flujos), regiones y explotaciones agrarias (granjas donde el ganado vaga de un lado a otro sin que a sus dueños importe la nacionalidad de los pastos), bosques (cortados por una mera línea cortafuegos) o parques naturales protegidos (sin más signo de discontinuidad que la marcada, si acaso, por accidentes naturales).
En el continente europeo, con una cincuentena de Estados, muchos de ellos minúsculos, que recelan unos de otros y marcan las distancias y los límites de su soberanía, la situación de las zonas fronterizas es muy variada. Diferentes organismos han venido posibilitando la integración europea a través de la cooperación transfronteriza de tipo macro (estados y regiones, para redes de infraestructuras, obras públicas, energía, relaciones comerciales y culturales…) como de tipo micro (municipios, para complementariedad local y centro de equipamientos).
Cooperación fronteriza
La cooperación transfronteriza se ha apoyado y servido de los esfuerzos solidarios de las localidades, las regiones, los estados, las administraciones, así como también de las asociaciones y de las iniciativas empresariales y privadas, que se han volcado en mayor o menor medida en utilizar instrumentos de políticas cooperantes, basadas en estrategias, planes y programas operativos.
Aunque la escala estatal es la preferida por numerosos geógrafos para analizar el alcance de las decisiones y actuaciones de los poderes públicos en materias como la administración, los transportes, la educación, la sanidad o la planificación del espacio, la realidad presente obliga a tomar en consideración los niveles local y regional, cada vez más dinámicos en el plano político y económico tal y como es posible verificar en espacios políticos como el europeo, donde las políticas que interesan al conjunto de países miembro de la Unión Europea son cada vez más sensibles con las identidades y los ámbitos regionales y locales, hasta el punto de que se ha llegado a hablar de una Europa de las regiones e incluso de una Europa de ciudades.
Esta cooperación contribuye a suavizar los inconvenientes de los efectos frontera, a superar la situación de marginalidad nacional de las regiones fronterizas y a mejorar las condiciones de vida de sus poblaciones, con lo cual se convierte tal cooperación en un objetivo imprescindible. La filosofía de la misma consiste en que dos áreas fronterizas sean lugares de encuentro, trabajen juntas en el desarrollo de acciones y estableciendo prioridades, a la vez que supone que una gran cantidad de agentes sociales y niveles administrativos se unan para dialogar sobre todos los aspectos de la vida cotidiana y ciudadana en el marco de una región o de unas localidades fronterizas.
Mediante este encuentro entre las comunidades localizadas en la zona de indefinición fronteriza en la Península de Yucatán dejarían de estar ubicadas en el margen de sus entidades federativas, del propio país y lejos de los centros de decisión, para pasar a ocupar un lugar central en la Península de Yucatán y de unión con Centroamérica, lo cual sería beneficioso para la región, debido a que las estructuras de cooperación transfronteriza están orientadas a servir de intercambio e interfaz que incremente la efectividad de los organismos locales, regionales o nacionales en cada lado de la frontera. Por tanto, no se orientan a crear un nuevo nivel administrativo y deben entenderse como diferentes tipos de cooperación a nivel estratégico y de proyectos.
Balance de cooperación
Mucho se ha adelantado en este campo en los últimos años, siendo el balance de la cooperación muy positivo entre las regiones y localidades fronterizas europeas. Es una experiencia que debe ser aprovechada para desarrollarse también en México, teniendo en cuenta las circunstancias particulares del país.
Aun cuando persiste el modelo de sociedad en el cual los Estados de Quintana Roo, Yucatán y Campeche son soberanos y se encuentran yuxtapuestos en el espacio, son evidentes los signos de que nos encontramos ante una sociedad de cooperación y una sociedad organizada.
La cooperación, para que sea eficaz, debe estar establecida y lo adecuado es articularla a través de organismos e instituciones supraestatales. Esta cooperación institucionalizada es un fenómeno en alza en el mundo de hoy y un elemento a tener muy en cuenta para superar los efectos que se derivan del conflicto limítrofe en la Península de Yucatán.




















