Luciano Núñez

 

 

Por Luciano Núñez 

El pasado 4 de enero se celebró en México el Día Nacional del Periodista, en conmemoración del aniversario luctuoso de Manuel Caballero. Pocos días antes, el 30 de diciembre de 2024, murió el periodista argentino Jorge Lanata, a los 64 años. De él se dijo que fue el más influyente comunicador en los últimos 40 años del cono sur, que fue innovador y mordaz.

Y podría seguir, pero acaso la última imagen de su féretro acompañado de vítores, en su último recorrido, habla más de lo que pudiera decirse o escribirse. “Sigue cuidándonos. Gracias. Patriota”, fueron algunas de las palabras que se escucharon entre las miles de personas que fueron a su despedida de este plano. Una de las funciones esenciales del buen periodismo es informar: uno de los derechos fundamentales de las personas, pero ademas, su buen ejercicio ha sido fiel fundamental de las democracias.

Desde su recordado Página/12, la revista 23 o el periódico Crítica; los programas televisivos “Día D” o “Periodismo para todos”; Lanata Sin filtro (radio), el documental Deuda o los libros: Argentinos, La década robada:10 K y Óxido, entre muchos otros, acaso son algunas de las muestras de su versatilidad, su profundo análisis y la milimetría para sostener los datos. Enfrentó cientos de amenazas y juicios. Nunca lo acaballaron. Fue gasolina para su boca incendiaria y su dedo mayor en alto.

“Tengo mi casa gracias a él, que denunció la corrupción de un banco”, decía una de las señoras que acompañaba el cajón y estiraba la mano para tocarlo en señal de gratitud.

No es para menos. En un país en el que los jueces dilatan la materia llamada justicia, donde siempre pagan los de abajo, el periodismo se convirtió en un verdadero factor de defensa de los desamparados y la democracia misma. La justicia llega sólo a veces desde la tinta y las pantallas, desde los libros y las ataduras de cabos.

El Página/12

Crecí en una época en la que leer Página/12 era una obligación. Tenía a los mejores periodistas y analistas desplegando su conocimiento y saberes en un periódico que está lejos de ser el que fue. Que incluso olvidó a su Pablo apóstol.

Cuando el mundo era tan distinto, hace no tantos años atrás, los periodistas de raza como Jorge marcaron la diferencia. Combatió con ferocidad al Menemismo y puede decirse, incluso, que la caída del Kirchnerismo tiene que ver con su labor: desnudó en sus múltiples desfalcos con esas carreteras que no se hacían o se hacían hasta la mitad, la fabricación de billetes de manera ilegal y tantos otros asuntos turbios que vieron la luz gracias a un trabajo en el que un hombre apostó su propio patrimonio y vida para lograrlo.

Hoy muchos conspicuos hombres de la era “K” que están presos, en gran parte, gracias a la investigación profunda de la ruta del dinero, que le valió ser nominado al Emmy Internacional. Ganó todos los premios que existen en Argentina y fue reconocido en vida por su valía. A los 56 años descubrió que era adoptado y enfrentó con entereza varias enfermedades que lo mantuvieron en jaque más de una vez.

Hace unos ayeres Lanata fue a Tucumán a presentar el documental Deuda (que hizo después de ver llorar de hambre a una niñita de una zona marginal), en la rueda de prensa se quejó una periodista por la falta de espacios para hacer buen periodismo.

Recuerdo la respuesta seca y lapidaria: “Si no hay espacios hay que crearlos: es la historia de mi vida”, le contestó quien había fundado el mejor periódico que se recuerde. Cuánta razón tenía. En un mundo que a veces no deja espacios para quienes piensan diferente, para quienes tienen gustos no populares, para quienes intentan hacer, incluso hoy, un periodismo distinto, hay que crear espacios. Hoy más que nunca las planas están ahí: a un clic de distancia. Y ese hacer conlleva una obligación ética, un compromiso con el prójimo, pero también un grave riesgo, sobre todo en México, donde cada año mueren comunicadores por la extrema violencia en varios estados asolados por el crimen organizado.

Si un periodista que navegó siempre a contracorriente, “galopiador contra el viento”, como diría Atahualpa Yupanqui, en la hora última es despedido con vítores, algo me dice que el mundo no está tan corrompido ni tan mal. Hay grietas, pero de las buenas. No las que separan, como él las describió en Argentina. Sino de las que nacen plantas tozudas que quieren vivir, florecer y dejar una huella.

Vaya este reconocimiento para un ícono del mejor periodismo: el que aman los desamparados y odian los poderosos. Vayan estas palabras para quienes piensan que todo está perdido y que no hay vuelta.

Por fortuna la iglesia de Lanata deja sus discípulos. Quedan esos aplausos y esa voz de gratitud por haber hecho, no sólo lo que corresponde, sino un poco más. “Hombre con pelotas que va a quedar en la historia ”, decía un hombre de la tercera edad. Y tiene razón.

Gracias Jorge.

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