Cancún, Quintana Roo.- A través de videos y entrevistas, la Fiscalía General del Estado ya determinó que Fátima Aldana Gil y su hija de tres años, Emma Solís Aldana, no fueron víctimas de una desaparición forzada, sino que la madre huyó del estado, sustrayendo a la menor, alejándola así de su padre, quien litigaba la custodia de la misma.
Así lo declaró este día Eliezer Solís Arjona, padre de la menor, quien recordó que, el pasado 15 de agosto, su ex esposa supuestamente le dijo a sus padres que iba a comprar pan, sin ser vista de nuevo. Su “desaparición” generó una campaña en redes sociales, además de manifestaciones afuera de la Fiscalía General del Estado.
En rueda de prensa afuera del Poder Judicial, el ex esposo de Fática explicó que, de acuerdo a las investigaciones, la mujer no acudió a una panadería, sino que tomó un taxi, afuera de su fraccionamiento Villa Marino. La Fiscalía ubicó y entrevistó a este taxista, quien relató que él se la llevó a la avenida Huayacán, cerca del fraccionamiento Arbolada, en donde había una camioneta esperando por ella.
El taxista recuerda bien ese viaje, porque había una charca en el lugar donde la dejó. Él ofreció acercarla al fraccionamiento, pero ella insistió que tenía unos familiares que la esperaban allí, para llevarla a unos cenotes.
Quien realmente la esperaba era el mejor amigo de su hermano, comentó Eliezer. Esta persona había llegado un día antes desde la Ciudad de México y rentó el carro en el que la aguardaba, en el que se llevó a Fátima y a su hija de regreso a ese estado.
Eliezar Solís indicó que su ex esposa ya tenía cerca de dos meses de no llevar a su hija a convivencias, lo que era dirimido en tribunales. Él ya había solicitado que no se permitiera que su hija abandonara Cancún, razón por la que su ex no podía abordar un avión o un autobús.
Ahora se cree que Emma Solís Aldana y su madre están en Ciudad de México, por lo que la Fiscalía de Quintana Roo ya busca la cooperación de su homólogo capitalino, pero ese proceso parece ser lento.
“No existe una desaparición, se trata de una sustracción de la menor”, explicó Solís, quien acusó a su ex pareja de egoísmo, al sacar a su hija de su núcleo familiar y su entorno, para llevársela con un desconocido, solo para evitar que esta niña conviva con su padre.
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TRIBUNAL VIOLENTADOR
Eliezar Solís y su abogado, Víctor Alcocer, indicaron que ya anteriormente Fátima dejó de llevar a su hija al Centro de Convivencias Familiares (Cecofam) durante tres meses, y después dejó de hacerlo por más de dos meses. En tanto, la abuela paterna de la menor, quien tenía derecho a una convivencia por mes, no pudo ver a su nieta durante más de un año.
Los distintos jueces familiares únicamente apercibían a la madre cuando no acudía con la menor, pero jamás la sancionaron u obligaron a que ella la llevara. Fátima llevó en varias ocasiones recetas médicas de Farmacias Similares, las que eran aceptadas, sin cuestionarse la prolongada enfermedad de la menor. Aunque citaron a un doctor, éste no compareció, sin que esto tuviera consecuencias.
Víctor Alcocer recordó que en varias ocasiones, la madre interpuso peticiones de medidas de protección, para frenar las convivencias, pero éstas carecían de fundamentos y eran descartadas. En dos ocasiones, ella confesó que era la propia juez quien la aconsejaba sobre qué medidas o recursos ingresar.
“Hemos sido sistemáticamente violentados por el tribunal”, se quejó Eliazar, quien dijo que la aparente “perspectiva de género” que se aplica en el Poder Judicial termina por perjudicar a los padres.




















