Con la ayuda de un dron transmitieron el linchamiento por redes sociales.

Por Luciano Núñez

Desde el primer párrafo de Crónica de una Muerte Anunciada sabemos que a Santiago Nasar lo van a matar. Las autoridades de Quintana Roo también sabían que una turba incontenible iba a terminar en tragedia. ¿Por qué no actuaron? ¿Por qué la presencia del estado se esfumó y se desentendió de un tema tan grave?

En primer lugar, la Policía Preventiva esta justamente para eso: prevenir. La Fiscalía para perseguir el delito, incluso, su apología. El flamante asesor de Remberto Estrada, Julián Leyzaola, por honor debería presentar la renuncia: no supo qué hacer ni siquiera ante una multitud enardecida. ¿Qué podría aconsejar contra narcos armados con AK47?

En tanto el Fiscal, si vio humo sabía que algo iba a arder porque el asunto viene subiendo de intensidad desde hace varios días atrás. Por mucho menos que las ofensas del ruso Alexei Mekeev, el activista Pedro Canche se tragó casi un año de cárcel por el insólito y anacrónico delito de sabotaje.

¿Quién puso el cuchillo en la mano del ruso?

En el cuento El Fin, de Jorge Luis Borges, el personaje que va a acometer una venganza dice: “Mi destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano”. ¿Quién puso el cuchillo en la mano del ruso? Quienes fueron a matar a pedradas a un desequilibrado mental que ofendió a la patria, y que al final,  en cambio, entregaron la sangre de un joven. Qué lamentable paradoja.

Pienso que se defiende la patria de otra forma, de otras maneras. No bajo esta eufórica brutalidad. No bajo la forma más primitiva de “justicia”. El estado debió aplicar la Ley con todo su peso cuando los indicios eran tantos, como en la genial crónica de García Márquez. Hemos perdido todos con este este penoso suceso que nos pone de frente a lo más oscuro de la sociedad cancunense que está harta de tanta violencia y que no encuentra soluciones en las autoridades, que ni por cerca atinan al sentido común.

El mejor Cancún

Me quedo mejor con el Cancún que supo levantarse de huracanes y de tempestades; de voraces empresarios y  políticos que la saquearon hasta la médula.

La reflexión deberá pasar –inevitablemente- por quienes usan las redes sociales para inocular odio y transmitir morbosidad en directo. Sería bueno preguntarnos de vez en cuando: esto que hago, ¿para qué sirve? ¿Construyó sociedad?

Los que arrojaron la primera piedra no leyeron la Biblia porque para eso hay que estar libres. Y ha quedo un triste saldo de esta lapidación que pasó por la narices de todos; también de quienes, desde los nuevos edificios que circundan la ciudad, sólo creían posible en África o en perdidos pueblos del México más bárbaro. Sucede hoy en Cancún, donde hay una permanente sensación de injusticia, donde las autoridades miran para otro lado y no ven las señales que, en toda la novela de García Márquez, le gritaba al pobre Santiago Nasar que lo iban a matar.

Luciano Antonio Núñez

Es técnico y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún. Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi, donde actualmente es coordinador en el Sur del Estado. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide

 

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

http://biblio3.url.edu.gt/Libros/cromuerte.pdf

 

EL FIN

http://www.literatura.us/borges/elfin.html

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