El presidente venezolano, Nicolás Maduro, asumió ayer su tercer mandato consecutivo, en un entorno de sanciones, acusaciones de fraude y denuncias de crímenes de lesa humanidad.
Tan es así que la oposición tachó la ceremonia de un golpe de Estado, por su reivindicación de la victoria frente al excandidato opositor Edmundo González Urrutia.
Vestido de sobrio traje oscuro, ante el presidente de la Asamblea Nacional, Maduro juramentó para permanecer en el poder hasta el año 2031.
Después de juramentarse para un tercer mandato, ironizó con el exiliado opositor Edmundo González Urrutia, que le acusa de un fraude electoral y asomó su intención de volver al país a tomar el poder.
Tras la ceremonia, el gobierno de Estados Unidos anunció nuevas sanciones a ocho funcionarios y aumentó la recompensa por el arresto Maduro.
Las sanciones son una nueva ronda de medidas de la Casa Blanca, que aumentó a 25 millones de dólares una recompensa para capturar a Maduro.
En este contexto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos acusó al chavista de llevar a cabo una política de represión tras los comicios, con “al menos 25 asesinatos, decenas de desapariciones forzadas breves, unas dos mil detenciones arbitrarias, torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes”. Con información de Excelsior.




















