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Solía decir Jorge Luis Borges que “hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”.

El voto en contra de despenalizar el aborto en Quintana Roo del diputado Guillermo Brahms, representa no sólo a un sector de la sociedad, que está a favor de la vida desde su concepción, sino que, por estar en el Partido Verde y dentro del bloque de la 4T, que votó corporativamente a favor, lo hace un voto por demás simbólico, valiente y fundamentado.

Un libro brillante, “En qué creen los que no creen”, abordó la discusión de marras ya hace muchos años: entre quienes están a favor del aborto y quienes están en contra; plasmado con argumentos muy válidos, desde ambas partes, el cardenal Carlo María Martini y el escritor y ensayista Umberto Eco, que ahondaron en aristas que tienen ver con la filosofía, la biología y las creencias religiosas.

La tendencia mundial es que los países están despenalizando esta práctica, aunque tuvo retrocesos como ocurrió recientemente en el estado de Texas, donde volvió a estar penalizado.

Brahms había anunciado su voto, no sólo fiel a sus convicciones personales, sino en los argumentos que, como abogado, conoce bien: “El estado”, dijo, “ya tiene un andamiaje legal que contempla situaciones que amparan a las mujeres, sino que además las cifras de Quintana Roo no ameritaban una legislación en ese sentido”.

Voto en las sombras

Quizás el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, Renán Sánchez Tajonar, vio moros en la costa, cuando padeció la clausura simbólica del Congreso del Estado, cuando Gustavo Miranda era su jefe y él su secretario general.

El asunto es que la aprobación se hizo a la sombra, pasó de noche y dando la espalda como lo hacían otras legislaturas ominosas, a espaldas de la sociedad y los debates de altura.

Volviendo al voto razonado del diputado Brahms, ha demostrado que en el Partido Verde hay un sector que sí está preparado para fundamentar, para debatir, para contra-argumentar y defender una bandera, aunque sea difícil en estos tiempos defenderlas; por eso justamente se hace más valioso ese voto no corporativo: el derecho de disentir y actuar de manera consecuente.

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