Por Luciano Núñez

A las 11.15 ingresó al Congreso del Estado el gobernador del Estado, Carlos Joaquín González. Y en un cambio en el formato, tuvo que escuchar las posturas de las fracciones parlamentarias, que oscilaron entre la crítica al gabinete y los visibles yerros que todavía enfrenta la gestión, por un lado; y por el otro, los avances logrados fundamentalmente centrados en la transparencia, la atención cercana y la penalización de quienes se señala saquearon al estado; como el “preso de Panamá”,  como calificó a Roberto Borge, el presidente de la Gran Comisión, Eduardo Martínez Arcila que cerró las posturas más sólidas del cambio.

No le faltó al Congreso peso político: asistió José Reyes Baeza Terrazas, titular del Issste, en representacion de Enrique Peña Nieto, el ex presidente Felipe Calderón, su esposa Margarita Zavala, el presidente del PAN, Ricardo Anaya, el líder intelectual del PRD, Agustín Basave, y los ex gobernadores, Joaquín Hendriks, Miguel Borge Martín (tío de Roberto Borge) y Jesús Martínez Ros.

Oradores: unas de cal, otras de arena…

Silvia Pech, de MORENA.

Quien intentó esbozar lo que se presumía como una dura crítica, fue el pronunciamiento de MORENA, a través de su diputada Silvia Pech. Trajo el caso de los poblanos en el gabinete, los uniformes y hasta las críticas del Facebook, pero todo se quedó aplastado por la pésima lectura y oratoria de la legisladora, sobrepasada por los nervios.  Quien logró un equilibro fue el diputado Juan Carlos Pereyra, independiente, que balanceó los logros y criticó la falta de resultados a ras de tierra. Carlos Mario Villanueva, del PES, pidió en la parte central de su discurso, la detonación del Sur del Estado y posicionar a Quintana Roo con más información positiva, para contrarrestar los warning.

Juan Carlos Pereyra, diputado independiente.

El diputado perredista, Emiliano Ramos, dejó pasar una buena oportunidad para lucirse, y se quedó a mitad de camino en un discurso sin matices y lleno de lugares comunes, como “somos dueños de nuestro propio destino”. Sin embargo, hizo pie a la hora de destacar los avances en las denuncias contra los saqueos traducidas en 84 denuncias. En tanto José de la Peña, del PVEM, aunque fue concreto, reclamó la falta de avances para desaparecer la Gran Comisión.

Ellas, las mejores

Leslie Hendriks, del PRI.

Si la labor del periodista es abstraerse, las mejores oradoras fueron Leslie Hendriks, del PRI, quien no dejó puntos en el tintero: recordó que hay propuestas de su partido que ni siquiera han sido leídas, refrescó la tasa de secuestros y el «revanchismo político» que todavía transpira la administración del cambio. Les rememoró a todos que su partido es creador de instituciones y merece algo más que la persecución. Mayuli Martínez, del PAN, tuvo que salir a defender al oficialismo, y lo hizo de manera atinada: habló de la tranquilidad política, de la austeridad y la transparencia.

Mayuli Martínez, del PAN.

“No pactó esta administración con el crimen organizado”; dijo. A su vez, destacó la libertad de expresión, criticó las políticas populistas de “Basura por Alimentos”, y ponderó que dieron el mensaje de que hay cárcel para quien lastime el patrimonio del estado.

Gobernador, cambios profundos

En su alocución, el gobernador se tomó su tiempo: tomó agua, respiró y se comprometió a aclarar las dudas del informe. Comparó que, lo que tardó años en destruirse, no se recuperar en un año, con una dirigencia que no supo estar a la altura de Quintana Roo. Entre sus logros, destacó la cercanía con la gente; y que el cambio profundo es dejar atrás la impunidad, recomponer la autoestima y, sobre todo, recrear la esperanza. Admitió la dura realidad que atraviesa el Sur del Estado, con brechas y desigualdades sociales.  Y centró su discurso en la memoria, la justicia. Criticó los años de “Populismo y avaricia extrema”, y que es hora de que Quintana Roo se haga cargo de sus problemas. Se comprometió a estar donde vive la gente, donde lucha y donde trabaja. “Sin vallas ni intermediarios”. Pese a este anuncio, Grupo Pirámide no pudo ingresar a su informe en el Centro de Convenciones, donde no hubo vallas, sino puertas cerradas aún con invitación (brazalete).

El preso de Panamá

Eduardo Martínez Arcila se encargó de refrescar que la idea del cambio era de miles de quintanarroenses, porque «ni un solo hombre, ni un solo gobierno y ni un solo año es suficiente sin la sociedad». Destacó el refinanciamiento de la deuda, la reducción de gastos en comunicación social; los encarcelamientos (“¡Sabemos que tarde o temprano todos enfrentarán la misma suerte que el preso de Panamá!”), en la línea más dura.

Terminó su discurso diciendo: “Estamos conscientes que la expectativa que generó este cambio  aún no se satisface, el Reto de los poderes aquí representados será cumplirles a los quintanarroenses”

 

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