Cozumel, Quintana Roo.- Luis Fernando Erosa Novelo y Néstor Erosa ahora pueden decir que «vivieron para contarla» y es que sobrevivieron a un naufragio de 30 horas en mar abierto después de que su pequeña embarcación se hundiera dejándolos varados en medio de la nada, a millas de las aguas entre Florida, Miami y Cuba.

Ahora ríen de lo sucedido, cuentan todo con esa tranquilidad y parsimonia que da el saberse a salvo y en tierra firme. Sobrevivientes cuentan la aventura de sus vidas como si fuese una anécdota.

Luis Erosa, un hombre macizo de 55 años de edad, cuenta que la banda de su motor estaba «chillando», entonces él quiso repararla, sin embargo, al hacerlo, «la máquina ya no quiso arrancar de nuevo» y por querer repararla, descuidaron otra parte de la embarcación. El oleaje fue inclemente y comenzó a inundar la pequeña embarcación. Había que tomar una decisión pronto y viendo su embarcación perdida se echaron al mar. Solo alcanzaron a rescatar algunos víveres.

 

 

Fue así que el 19 de noviembre será un día difícil de olvidar para él. Una vez en la mar, lo primero que pensó fue en no perder la confianza y no desesperarse. Tenía que mentalizarse a que serían rescatados. Así pasaron las horas, en medio de esa gran nada azul salada que es el océano. Desorientados él y su compañero fueron sorprendidos por la noche. Sólo sabían que tenían que resistir a ser rescatados. Cuenta don Luis que en su esperar vieron varias embarcaciones pasar a lo lejos. La esperanza se hacía añicos. La vida se les escapaba con cada embarcación que no los veía. Y así llegó la mañana siguiente.

Había que arriesgarse, había que nadar. Seis horas nadaron si desesperarse. ¡Qué difícil! Qué difícil es estar en el silencio de las olas del mar. Su intención era nadar y acercarse a tierra pero era una tarea simplemente imposible. Y entonces la luz se hizo: la embarcación del guardacostas norteamericano Terrell Horne los rescató.

Néstor Erosa, el compañero de viaje de don Luis, de 39 años de edad, recuerda que la angustia muchas veces se apoderó de él. Al legar la noche la desesperanza era piedra pesada sobre su espalda. Llegó a pensar muchas cosas, entre ellas que no saldrían con vida y dejaría a sus hijos huérfanos. Pero su compañero de aventura no decaía, lo animaba, para sobrevivir tenían que creérsela. Seis botellas de Gatorade y una barra de jamón era todo con lo que contaban. Eso y sus inmensas ganas de aferrarse a la vida. Y eso ayudó.

 

 

Ahora todo es anecdótico. Ríen, se les ve felices. Aseguran que el ángel que los cuido fue el padre de don Luis, fallecido el 20 de noviembre, misma fecha en que fueron rescatados.

Así, don Luis y Néstor Erosa tienen de nuevo la oportunidad de abrazar a sus hijos, de estar con sus familias, de saborear una cervecita fría, un caldo de camarón.

El área donde naufragaron está infestada de tiburones y la mayoría de los que han tenido una aventura similar no la cuentan, son simplemente devorados por los escualos.

Ellos están convencidos que fue un milagro que sobrevivieran y viendo las condiciones, bien puede ser cierto.

(Con información de Agencia SIM).

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