El rancho Izaguirre de Teuchitlán se convirtió este jueves en el museo de la tragedia. Como si se tratara de una excursión escolar, en camiones, haciendo filas bajo el sol y esperando su turno para entrar al lugar donde quizá, en algún momento, estaba su familiar; en su lugar, se encontró un sendero marcado por cinta amarilla, con restricciones y ni un sólo indicio.
El segundo grupo para ingresar al inmueble decidió avanzar sin pedir permiso, como han encontrado a miles de víctimas, y rompieron el cerco impuesto de la Fiscalía Estatal que les pedía esperar en las camionetas que los llevarían hasta allá.
Al rancho podrían entrar grupos pequeños por solamente 20 minutos, pero al final no hubo organización e ingresaron todos sin problema.
Se encontraron con cuartos recogidos, hasta baños limpios y el acordonamiento con el camino marcado para ver de lejos todo lo que ya habían visto de cerca cuando recién inspeccionaron el predio a principios de marzo.
Al ingresar, hay una finca del lado derecho, con dos plantas y fachada pintada de rojo, cuatro ventanas, dos laterales y dos centrales, que se distinguen por los vidrios rotos y la cinta canela a su alrededor.
La ineficiencia de las autoridades estatales fue señalada por los familiares de desaparecidos, quienes aseguran que en el lugar encontraron, todavía, un par de calcetines y otros objetos. Por ello, pidieron una segunda revisión, donde permitan a los colectivos trabajar en la zona.
La FGR ya tiene en su poder la información proporcionada por la Fiscalía de Jalisco sobre el caso del rancho Izaguirre, un sitio señalado como presunto campo de adiestramiento operado por la delincuencia organizada.
La entrega del expediente ocurrió luego de que el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, solicitara con carácter de urgente que se remitiera toda la documentación pertinente para su análisis y posible atracción del caso. Con información de Milenio.




















