La violencia y la crisis económica golpean simultáneamente a Tulum.
El asesinato registrado durante la noche del 11 de noviembre, de una pareja de origen colombiano, ocurrido en el asentamiento irregular “Carlos Joaquín”, refleja la creciente inseguridad que azota al municipio, donde los ataques armados y las disputas delictivas se han vuelto frecuentes.
La falta de control y la impunidad han deteriorado la percepción de seguridad, alejando tanto a visitantes como a inversionistas.
A la par, la caída en la afluencia turística ha provocado el cierre de comercios emblemáticos y el freno de proyectos inmobiliarios.
Restaurantes, taquerías y bares tradicionales han bajado sus cortinas ante la falta de clientes y los altos costos de operación.
La ocupación hotelera apenas alcanza 69.1% en las más de 11 mil habitaciones en este centro vacacional. Y el éxodo de trabajadores se acelera. En lo que alguna vez fue símbolo de prosperidad, hoy prevalecen la incertidumbre y el abandono.
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