Por Pedro Flota Alcocer
Hace más de cuarenta años, recién erigido Quintana Roo como Estado Libre y Soberano, enfrascados en las prisas de la fundación, de la construcción de todo, de la invención de nuestro futuro, con un gobierno nativo y con las ilusiones al máximo, conocí siendo un adolescente a dos mujeres notables, contrastantes pero auténticas en sus personalidades: María Cristina Sangri Aguilar y Sara Esther Muza Simón, hoy, esta última falleció.
Los días fundacionales de Quintana Roo
El hecho, por sí solo y por tratarse de un ser humano ejemplar, madre de familia, mujer de la más profunda raíz chetumaleña que contribuyó enormemente con su comunidad, amiga afectuosa y querida por muchos, es doloroso, pesa y lastima, y por eso, al iniciar este texto de adiós, lo hago recordando los aportes benéficos que protagonizó Sara Esther en los días fundacionales de este atribulado Quintana Roo, como una manera de homenajear a una mujer que se lo merece.
En aquellos días los liderazgos se ganaban en la calle, al lado de los vecinos, en las colonias que nacían y en la gestión terca y hasta impertinente de las múltiples y enormes necesidades.
Agua potable, calles, luz eléctrica, terrenos para vivienda, esas eran las demandas en Chetumal y en todo el Estado, pero en esta vieja y entrañable ciudad estaba Sara, junto con otras mujeres y lograron, poco a poco, darle otra cara, cambiarle la realidad, otorgarle dignidad.
La vi caminar
Chetumal era ciudad pequeña, las Casitas era, quizá, la colonia más alejada del centro en esos tiempos y la López Mateos se poblaba en esos días con la precariedad natural.
Yo vi a Sara Muza caminar esas brechas enlodándose los pies para convocar, organizar vecinos, llevar a Mariano Ángulo, y luego, a Hernán Pastrana, presidentes municipales sucesivos, a reuniones en los que se resolvían problemas, se atendían reclamos, fueron épocas de buena política, de autoridades con capacidades y de liderazgos surgidos de la necesidad. Sara fue uno de ellos.
Su involucramiento en la política fue el resultado natural de un camino iniciado en el compromiso con su comunidad a partir de una vocación de vida, el servicio a los demás. Fue una priista sin dobleces, ni dudas, ni vacilaciones.
Ante el huracán de las traiciones ella oponía la serena fortaleza de su convicción, rara cualidad en estos tiempos de trasvestismos políticos. Su rectitud era conducida por su carácter y su verticalidad era un sello personal. Sus amigos lo fuimos hasta la muerte y aún veremos si esta logra vencer su cariño.
Participación social
Su carrera fue larga y fructífera y no me refiero a los cargos, que fueron muchos y muy importantes, sino a su indeclinable participación partidista y social. Sara no necesitaba un cargo para estar presente en la vida pública de Quintana Roo.
Ella llamaba y opinaba, acudía a los eventos públicos, se hacía ver y sentir. Pero cuando tuvo responsabilidades las desempeñó con pasión y exigencia personal.
Así la recuerdo como Secretaria General del PRI, como Diputada Federal, como Secretaria de Gobierno, como Delegada de Milpa Alta en el DF y en otros espacios más. Pero más la recuerdo como madre amorosa, que vio morir a varios de sus hijos y a su amado esposo, guardando luto y entereza, enjugándose las lágrimas y dando ejemplo de valor.
Su casa y su generosidad
También, la recuerdo como amiga, gozando de su anfitrionía en la que fue su casa porque su generosidad le permitió contarme entre sus afectos, a pesar de la diferencia de edades. Por eso, puedo atestiguar el calibre de su cariño, el alto valor de su amistad, la amplitud y diversidad de sus círculos afectivos y, por tanto, la calidad de ser humano que despedimos hoy.
Sara Esther Muza Simón fue una parte fundamental del Quintana Roo que hoy disfrutamos. Fue lazo social y ejemplo permanente.
Al dolor lo acompaña la nostalgia por los buenos momentos vividos, por las luchas compartidas, por las pláticas largas, por la identificación ideológica, por la lealtad partidista.
No todo es tristeza
Pero no todo es tristeza. Quedan sus hijos, Said y Sara y sus nietos además de nosotros, sus amigos, para recordar su vida buena y para mantenerla viva en nuestra memoria.
Como cada que escribo líneas para estas ocasiones la congoja me gana y eso es, tal vez, la razón por la que no logro alcanzar las alturas que quisiera.
Me duele no poder expresar nítidamente el cariño y el reconocimiento debido a alguien como Sara Esther. Quisiera recordar con precisión todas sus acciones, quisiera tener la elocuencia que su vida intachable merece, pero solo soy un amigo triste que la ve irse y que comprende que con ella se va una parte importante de su propia vida.
Al despedirla, aún con los ojos anegados, no puedo evitar ver también el rostro de Salim, su esposo; de Wadi y Nasle, sus hijos; de Calixto, su amigo, afectos que se adelantaron y que ahora la rodean y la reciben en ese plano espiritual a donde todos habremos de llegar, pero mientras eso sucede, con la melancolía empapándome el espíritu, comprendo que aquí deberé mantenerme digno de su amistad sosteniendo los valores que ella defendió toda su vida: la familia, los amigos, la lealtad. QEPD Sara Esther Muza Simón!
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Pedro Flota Alcocer fue presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado de Quintana Roo durante la XIV Legislatura y presidente del PRI en la entidad.
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