Quintana Roo ha dado otro paso hacia atrás. Hacia la violencia política y la impunidad en pleno proceso electoral. Ayer a plena luz del día, y a pocos metros del Palacio Municipal, fue acribillado Nacho Sánchez, quien se perfilaba para se candidato a la alcaldía de Puerto Morelos.

¿Por qué puede suceder el asesinato de un servidor público y candidato a plena luz del día?: porque no habrá castigo, es decir, impera un estado de impunidad rampante.

Meses atrás fue ejecutado en chofer de hoy candidato de Tulum, Jorge Portilla Mánica, sin ningún resultado en las investigaciones; un chofer de la actual presidenta municipal, Laura Fernández también fue ejecutado sin esclarecimiento. Y si nos vamos unos pocos años atrás, en plena campaña de 2018 fue acribillada Chely Magaña en Isla Mujeres, sin que hasta hoy, se conozca el trasfondo del asesinato.

Sin dudas, algo pasa en Quintana Roo.

Ninguna de las 60 agresiones contra periodistas de 2020 fueron esclarecidas, como lo hizo público Artículo 19 recientemente.

Lejano Oeste

Pareciera que en Quintana Roo impera la ley del “Lejano Oeste”, donde la política se ejerce a punta de pistola, por medio de la violencia, intimidación y balas.

El gobernador del Estado, Carlos Joaquín,  hizo ayer su agenda como si todo fuera normal, con fotos de inauguración de espacios públicos y un estado de indiferencia asombroso, como si no hubiera existido el hecho. Qué lejos está de su slogan, «el que la hace la paga».

No se ha escuchado hasta ahora un pronunciamiento, ni siquiera de la Fiscalía del Estado.

Un inexplicable silencio que, a su vez, dice mucho.

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