Por Pájaros en el Alambre
Cancún, Quintana Roo. Las transiciones suelen ser terreno complejo y más en política.
Surrealista, se diría.
Puede que un mal paso, una mala jugada terminen con una relación y se genere una caída de piezas de dominó que nunca se sabe dónde irán a parar.
Empiezan a salir las malas costuras a la luz
Existe un grupo de operadores, viejos operadores acostumbrados ellos a las viejas prácticas: a las épocas de maletines y carros completos, a fiestas con “all inclusive” que se han querido montar en la estructura de Morena, partido que se encamina a ganar irremediablemente la elección.
Piden “de a melones” para “operar”, sumas estratosféricas para mover supuestas estructuras, autos de renta y proclaman que ellos resuelven el asunto, que ellos lo checan, que ellos lo ven, y que lo mastican en reuniones y piden y piden.
Quienes conocen de cerca cómo funciona el Morena Caribeño, saben que se toma a pecho lo de la “austeridad republicana”; y, primero hay que mostrar músculo y resultados y después se procesa cada pedido.
Nada es anticipado.
No acostumbrados a esa modalidad de trabajo, “pay per view”, hay algunos que están con el motor a punto de desvielarse y, con un más que oscuro panorama para los próximos cinco años, donde los espacios estarán sumamente competidos.
Así, se avizora un inminente jubileo para quienes, hoy, insisten en vender espejitos de color guinda y decir que están dentro de la 4T.
Quizás no entendieron a la nueva forma de hacer política.




















