Por Ignacio Alonso Velasco
En Quintana Roo, la presencia de zonas subdesarrolladas junto a otras zonas que, sin gozar todavía de un nivel de vida verdaderamente alto en comparación con los países más desarrollados, se encuentran a un nivel muy superior al de las primeras, se considera hoy por muchos inadmisible por razones éticas o por motivos utilitarios (el desequilibrio interregional, factor de retraso económico, debe eliminarse si se desea la prosperidad del conjunto) o en virtud de argumentos de tipo psicológico y político (los habitantes de las regiones atrasadas no se sienten solidarios del resto del país, son a menudo envidiosos, presa fácil de las tentaciones subversivas, o se ven forzados a emigrar y nutrir un subproletariado industrial que plantea problemas sin número y origina costos sociales muy importantes).
El desarrollo regional es primordialmente el desarrollo de las personas que viven juntas en un territorio determinado: el desenvolvimiento de la sociedad que esas personas forman para vivir más próspera y libremente cada una de ellas. La regionalización es un instrumento privilegiado en la organización territorial de la administración pública con los que se implanta un modelo más racional y participativo, a la vez que suponen un factor de refuerzo y de revitalización de la administración regional y local, pues traduce una voluntad de reforzar el sistema democrático y de estimular el autogobierno.
Región y regional
El sustantivo “región” y el adjetivo “regional” poseen significados diferentes según el contexto en que sean empleados, y de aquí su gran ambigüedad. En las relaciones internacionales, suele llamarse regiones a zonas muy extensas del globo terráqueo, tales como el sureste asiático, América del Norte, Mesoamérica, la cuenca mediterránea, etc.
En el otro extremo de la escala, se entiende por región un pequeño territorio muy homogéneo (al que también puede llamársele comarca): así, la Comarca Lagunera o la Mixteca en México. También suele hablarse de regiones fisiográficas o naturales, de regiones administrativas o funcionales, de regiones económicas, de regiones étnicas, etc.
De todas estas acepciones, la que interesa aquí es la que se traduce en la existencia de territorios y poblaciones firmemente vinculadas a estos, a cuya delimitación contribuyen simultáneamente la geografía física, la historia, la economía, los caracteres étnicos (raza, idioma, costumbres, mentalidad) y la propia voluntad de los habitantes. La conjunción de todos estos factores es lo que da a esos territorios y a los grupos humanos en ellos establecidos una fisonomía peculiar, más o menos acusada, además de una base suficiente para organizar su existencia colectiva (económica, cultural, administrativa) con originalidad y con autonomía, las cuales no excluyen en modo alguno intensos intercambios de toda clase con los territorios y grupos humanos vecinos, dentro de un orden más vasto.
Las regiones así consideradas poseen a menudo límites geográficos imprecisos. Otras veces coinciden con entidades político-administrativas existentes desde hace más o menos tiempo o de existencia incipiente. En otras ocasiones no tienen más realidad que la meramente geográfica, histórica, étnica, económica o cultural, careciendo de existencia legal.
Salvo en los Estados muy pequeños, la región tiene en Europa dimensiones menores que las del Estado respectivo, y mayores en cambio que las de divisiones político-administrativas tales como los departamentos franceses, las provincias españolas e italianas, los cantones suizos y varios Länder austríacos. Otras veces cabalgan sobre dos o más fronteras estatales (casos de Vasconia y de Cataluña o de Flandes).
En regiones transfronterizas, como la que existe en el corazón de la Península de Yucatán, se dan contactos culturales y comportamentales que favorecen las relaciones y la cooperación, por lo que hay que aprovechar el hecho de que se desconoce dónde están exactamente los límites político-administrativos entre Quintana Roo, Campeche y Yucatán para que sus gobiernos trabajen de manera coordinada sobre el territorio disputado.




















