Por Isabel Rosas Martín del Campo

Quizá pretendo únicamente dar una mirada suspicaz a la historia contada en el filme “Su único hijo”, dirigido por David Helling, cuyo elenco protagonizan Nicolas Mouawad, como Abraham y Sara Seyed como Sarah; Edaan Moskowitz, el hijo Isaac y Daniel da Silva, en el papel de El Señor.

Una de las historias bíblicas más reconocida del Genesis (Antiguo Testamento) llega al cine para contarnos este pasaje cosmogónico que parece sacado de las mil y una noches.

Aunque sinceramente me recordó mas aquella caricatura de: “Simón dice”.

Se trataba de un científico malévolo que preparaba una pócima con la que lograba que sus víctimas hicieran su voluntad repitiendo como autómatas: Simón dice, casi durante toda la trama caricaturesca.

Así me pareció este guion fílmico, ya que son muchas las veces que Abraham, en su afán de creer que le habla su Dios, repite cada vez “El Señor dice” y Sara incrédula insistente trata de hacerlo caer en razón y ubicarlo en la realidad del presente.

Me parece que más allá de la fe y, por tanto, el respeto con el que se debe acudir a ver esta película que representa una tradición milenaria escolástica; hay que otorgarle una mirada desde la realidad del presente.

La historia se escribe por humanos, y en especial, la antigua sólo por hombres. Hay que considerar que sus tradiciones y su nivel de pensamiento era tan reducido como mutilante.

Y en ello integraban convenientemente a la mujer, a quién asignaban poder, sí y sólo si la cosmogonía a contar magnificaba la divinidad representada en un Dios creado a imagen y semejanza del propio hombre que lo creyó respuesta de la inconmensurabilidad del universo y sus misterios.

Ello, al mismo tiempo, lo responsabilizó de sus incompetencias humanas puesto que dejar caer en Dios las debilidades del ser humano es más fácil que asumirlas.

Pues mientras vemos a un Abraham sin voluntad propia, fiel creyente de un Ser omnipotente con quién dice platicar en sueños y, además recordar el mensaje al despertar con la claridad y peso de una verdad absoluta era muy conveniente para un Patriarca que tenía que ser respetado y obedecido justamente por esa deferencia que lo divinizaba dejando a los demás en un plano menor.

Por otro lado, vemos en su esposa Sara (que además era su media hermana) una mujer frustrada, a la sombra de las creencias de Abraham, envejeciendo la vida sin más esperanza que obedecerlo.

Una mujer que representa la histeria de la esterilidad y el enojo. Y que en esa angustia es capaz de llevar a su propio esposo a los brazos de la misma criada. A la que luego esclaviza y maltrata desterrándola con el fruto de sus entrañas.

Cuál es el sentido de la mujer en esta historia. Si las dos al final salen perdiendo para enaltecer al esposo que “abnegado” obedece a su esposa para consolarla metiéndose en el lecho de la otra (qué oportuno para él).

Creencias e ideologías

Es una triste historia en donde la esclavitud −la física y de sobremanera la de pensamiento− es tan normal que deja en claro que los derechos humanos subyacen a las creencias y a las ideologías, cuya cosmovisión tiene su origen en hombres pertenecientes desde ya a una civilización pre-moderna en donde luce una firme división de clases y, sobre todas las cosas de género.

De ahí que la mujer fuere (sea) una aparato desechable socialmente.

El origen del patriarcado funda sus bases ideológicas en el poder de Dios. El génesis representa el concepto de un Dios iracundo y castigador, capaz de jugar con las emociones de los que llama sus hijos.

Para después demostrar que es tan poderoso y “fuerte” que da al mundo la mayor y más grande prueba de fe: “sacrificar a su propio hijo”, sin el menor reparo para dejar a Abraham en un plano menor.

Como si fuese una primicia que muestra con mayor fuerza la debilidad de la condición humana. Incapaz de sacrificar lo que más quiere para dar gusto a lo que más teme.

Sin duda, la historia está condenada a repetirse cada que se vive, únicamente cambian las personas.

Somos y seremos siempre los mismos siendo otros. La esclavitud será eterna, porque es de pensamiento de lo que somos presos: hombres y mujeres. La especie humana.

Te puede interesar Opinión | Somos un holograma de felicidad aparente | Isabel Rosas Martín del Campo

Síguenos en Google News Únete a nuestro grupo de WhatsApp