Por Ignacio Alonso Velasco
Esta cuestión me la planteo a mí mismo cada vez que alguien me pregunta de dónde soy, ¿querrá saber en qué lugar nací o en dónde llevo viviendo durante los últimos quince años? Este punto que para mí no debería ser de mayor relevancia, resulta sí tenerla, por ejemplo, a la hora de aspirar a ocupar un cargo público, ya sea de elección popular o por designación. Ello es debido a que en las legislaciones mexicanas se suele exigir como requisito ser oriundo de este país para poder ser servidor público en numerosos puestos.
Los poderes fácticos hegemónicos contribuyen a incrementar la percepción de que los que vienen de fuera dañamos a la entidad, ya que no tienen un verdadero amor hacia esta tierra y hacia los que en ella viven. Este argumento no considero que sea válido en el sentido de que tenemos varios ejemplos de gobernantes oriundos de Quintana Roo que han demostrado durante el ejercicio de sus poderes no tener el mínimo interés en el bienestar de sus conciudadanos.
Ese nativismo exacerbado es un arma arrojadiza incluso contra las personas nacidas en esta entidad, pues era común escuchar entre los nacidos en Chetumal, durante las dos pasadas administraciones estatales, que los cozumeleños habían venido a quitarles sus puestos de trabajo, cuando resulta que tanto unos como otros son igualmente quintanarroenses y nativos de estas tierras. En la presente administración las iras se dirigen hacia los poblanos, quienes son también mexicanos.
De acuerdo con datos del INEGI más de la mitad de la población quintanarroense no es oriunda de dicha entidad. No cabe duda de que este estado se ha construido en gran medida gracias a las personas que hemos nacido fuera de él, pero que hemos decidido asentarnos en su territorio. De lo contrario, ni siquiera se hubiera podido constituir como Entidad Federativa Quintana Roo en 1974, por no cumplir con el requisito mínimo poblacional.
Mi conclusión es que debiéramos perder menos el tiempo en averiguar el lugar de nacimiento de cada uno, y emplear mejor nuestros esfuerzos en formarnos y así poder estar preparados para dar lo mejor de cada uno por el bien de la sociedad en la que decidamos vivir. Mientras no sea esto lo más importante, y se valore más otros elementos como tu origen o quién sea tu compadre, difícil veo un correcto desarrollo de nuestro Estado.
En este sentido, es que decidí presentar, ante el Congreso local, una iniciativa ciudadana, el 24 de enero del presente año, encaminada a igualar en derechos a todos los mexicanos, con independencia de lugar en donde estuvo su cuna. Ayer, 25 de febrero, la Comisión Anticorrupción, Participación Ciudadana y Órganos Autónomos verificó que mi propuesta reúne todos los requisitos que exige la Ley de Participación Ciudadana, tales como que esté debidamente fundamentada y motivada o que quien la promueva sea ciudadano quintanarroense, entre otros más. Es por ello que ahora inicia un proceso legislativo que confío que traiga consigo que las leyes quintanarroenses dejen de ser inconstitucionales, discriminatorias y violatorias de los derechos humanos al exigir ser mexicano por nacimiento para ocupar cargos públicos.
********
(*) Ignacio Alonso Velasco nació en Madrid, pero desde el año 2005 vive en México. Es Licenciado en Derecho y Maestro en Gestión y Análisis en Políticas Públicas, tanto en España como en México. Acaba de concluir sus estudios de doctorado. Docente de la Licenciatura de Derecho en la Universidad Modelo y en la Universidad Vizcaya de las Américas, ambas en sus campus de Chetumal. Es asesor jurídico en la XVI legislatura de Quintana Roo.
Artículo anterior…
Opinión | Errónea división política del territorio municipal de Othón P. Blanco / Ignacio Alonso





















Es interesante, pero déjeme darle un pequeño ejemplo, en la FGE de Quintana Roo, metieron como fiscales del MP a varios chilangos y morelenses…
A los nativos de acá nos mandaron al carajo…
Pese a haber pasado los filtros y haber tomado los cursos respectivos.
Nepotismo, trágico de influencias?