Por Ignacio Alonso Velasco

A propósito de que estamos al inicio de septiembre, el mes más patriótico en México, quiero aprovechar para confesarles que estoy sumamente orgulloso de ser mexicano de corazón, sentimiento que seguramente compartiré con la mayoría de los mexicanos que lo son por nacimiento. Sin embargo, tan solo los mexicanos naturalizados podemos realmente sentir orgullo por tener esta nacionalidad. A continuación, explico el porqué.

Si acudimos al diccionario de la lengua española podremos comprobar que orgullo significa: “Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios”.

Teniendo en cuenta esta definición yo les pregunto ¿qué tiene de meritorio para un oriundo en México ser mexicano? Desde luego que no es un logro que se haya alcanzado, pues ni siquiera tuvo oportunidad de elegir el lugar de nacimiento, tal y como nos pasa a todos.

Absurdo orgullo

Realmente resultaría muy absurdo que yo estuviera orgulloso de ser español, de tener los padres que me dieron vida o de tener dos ojos y una boca, ya que son condiciones que no son fruto de mis méritos. Uno puede estar feliz y satisfecho de esas circunstancias, pero no orgulloso. El nacer en un lugar u otro es totalmente fortuito y ese mero hecho no nos hace ni mejores ni peores. 

Sin embargo, el naturalizarse mexicano, o de cualquier otro país, sí que requiere esfuerzos y estos son desconocidos para la mayoría de los nativos de México porque no han tenido que pasar por ese proceso.

Esfuerzos para naturalización

Les explico que con esfuerzos me refiero a que, de entrada, tenemos que registrarnos ante un corrupto Instituto Nacional de Migración para manifestar nuestra voluntad de cambiar el estatus migratorio, ya que quien esté de manera irregular en México no podrá lograr computar sus años de residencia para poder solicitar la nacionalidad mexicana; debemos pagar de manera periódica cierta cantidad de dinero a cambio de un derecho que nos permita permanecer de manera regular en el país y, por último, superar un examen de conocimientos sobre geografía, cultura, himno e historia mexicana, que muchos oriundos en estas tierras no aprobarían.

Como verán, no es fácil ni sencillo ser mexicano naturalizado y, por lo tanto, nos podemos sentir bien orgullosos de haber superado esas pruebas que establece el propio estado mexicano.

La tómbola de la vida, de manera caprichosa, nos hizo nacer en diferentes lugares del mundo, pero por voluntad propia los mexicanos de corazón decidimos abrazar a este país.

Es por eso que no merecemos ser discriminados y contar con menos derechos que los que sí tuvieron la fortuna de nacer en México.

Termino haciendo un llamado a ese 1% de los que estamos viviendo en México, pero que nacimos en el extranjero, para que no dejemos que nos hagan sentir como ciudadanos de segunda. Merecemos ser ciudadanos de pleno derecho y poder gritar en este mes, con mucho orgullo: “¡Viva México!”.

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