
Isabel Rosas Martín del Campo
Deseo abordar mi punto de vista desde una perspectiva muy alejada a la técnica y a la estética. Lo haré desde el estudio que me ocupa: la Neuroarquitectura.
Como todos sabemos, en México se ha puesto muy vigente y consciente en la mente de muchas personas, particularmente, en la de los arquitectos, el tema de la AUTO-CONSTRUCCIÓN. Comenzaré a abordarlo como vocablo para entender su significación y así conocer su origen lingüístico para comprender el contexto que originó la idea de su concepción.
El vocablo Auto-construcción es un término compuesto por dos palabras: auto y construcción. La primera, el prefijo, recae en el sujeto y la segunda, el sustantivo deverbal, recae en una acción que produce un efecto. En este caso el verbo que deviene del sustantivo deverbal es: construir. Por tanto, auto-construcción se puede definir como la acción y efecto de construir algo por y para sí mismo.
Se puede deducir como una obviedad para nuestra época estas aserciones, pero en realidad no lo son si analizamos la historia. La autoconstrucción es un acto que siempre ha acompañado la travesía del hombre durante la línea temporal de su devenir. Si se ha comprendido a cabalidad la significación anterior sabremos aceptar que la autoconstrucción es, entonces, inmanente al hombre como lo es respirar o reír. En este sentido, podremos asimilar muy bien cómo es que la existencia del hombre tiene que ver directamente con el morar y en consecuencia, el morar con el habitar. Esto quiere decir que de ninguna manera Morar y habitar son lo mismo, hay una gran distancia entre ambos conceptos, no solo en significado sino también en tiempo. Conceptos que tiene que ver con comportamiento evolutivos.

De esta manera, advirtamos cómo es que el hombre desde siempre se ha encontrado buscando, al menos, formas para comprender, entender y llevar a cabo la construcción de su morada por su cuenta. El origen de la arquitectura, por consiguiente, nada tiene que ver ni con la estética ni con el arte ni con la técnica, sino con el simple acto de manufacturar un objeto utilitario, uno, que les iba a servir de manera inmediata para morar. Aquí, todavía no cabe dentro de la morada el acto de habitar, como tal, de la manera en que hoy lo comprendemos. ¿Por qué? Juhanni Pallasmaa (arquitecto y filósofo) lo refiere, y es muy fácil de entender cuando dice, que el espacio se traslada a la conciencia del hombre mientras el hombre adquiere conciencia del espacio. Por eso los primeros artificios de morada, no eran lugares para habitar sino para sobrevivir. Es decir autoconstruían algo, pasaban la noche y se iban, o, hasta que le durara esa morada. Siguiendo esta línea, podemos entender que la autoconstrucción vigente hasta nuestros días, como acto humano no resuelve el habitar del hombre sino únicamente su sobrevivencia.
De esta suerte, el acto de habitar surge paralelamente cuando a la autoconstrucción se le agrega Técnica, antes que estética, antes que arte, (como concebimos la definición de Arte que es todo aquello que crea el hombre y que trasciende, por eso la arquitectura es Arte).Una morada no podía trascender por la naturaleza de su origen. Su transformación se dio por circunstancias que se desprenden cuando el hombre logra para sí, la domesticación de la flora y de la fauna que lo lleva al sedentarismo y en consecuencia a procurar las primeras ideas de casas que es cuando, a su vez, “domestica el espacio” es decir, lo hace suyo, toma el control, esto es, el espacio ya se ha trasladado a la conciencia del hombre y el hombre, a su vez, ha adquirido conciencia del espacio. Es en este proceso cuando podemos comprender a cabalidad las ideas de Pallasmaa.
Por tales hechos humanos, la construcción se concibe como un acto sublime de edificación. ¿Y qué es edificar? El concepto edificar es metafísico, esto quiere decir que no solo se trata de la construcción de un objeto lleno de técnicas para sobrevivir sino, desde luego, de un espacio que sirve para el habitar. De esta manera podemos asimilar que construir sirve para que el hombre cree espacios edificantes. Por tanto, construir y edificar tampoco son lo mismo, no son sinónimos. El uno es consecuencia del otro o no, ¿por qué?

Veamos cómo el término edificante tiene un sufijo “ante” que significa, ser. Así mismo, construir una edificación es un acto ONTOLÓGICO, dónde debería estar intrínseco todo un TRATADO del y para el SER. —Esto es lo que le da sentido al espacio desde sus tres pilares fundamentales y en este orden: — el espacio existencial — el espacio habitable — el espacio doméstico.
Por todo lo anterior, podemos desprender de estas ideas que la “autoconstrucción” en manos de familias que carecen de recursos económicos y, sobre todo, de recursos educacionales, el construirse su propia vivienda tendrá muchas coyunturas. Pues sin el conocimiento de la técnica podrán construir una casa, PERO JAMÁS EDIFICARÁN UN HOGAR. Visto de manera pragmática, es analizarlo de forma cuando el verdadero meollo del asunto es de fondo. ¿Por qué?, porque la vivienda es o debería de comprenderse como una UNIDAD DE APRENDIZAJE. Puesto que pensar el proceso de autoconstrucción debe derivarse, también, como un proceso pedagógico que genere el aprender. Pues lo que aprende una familia dentro de una vivienda lo traslada a todos los lugares a donde ande.
Lograr una vivienda por autoconstrucción no solo es una cuestión de orden legal (patrimonio) o normativa. En primer lugar, si la vivienda no logra pasar de ser una morada en cuyo interior la familia solo sobrevive de por vida continuaremos enfrentándonos a problemas colaterales de desorden social de todo este tipo de comunidades.
Es muy simple, no es suficiente que algo me guste para hacerlo mío, es necesario que es algo me sirva (funcione). UTILIDAD-CONVENIENCIA son conceptos que van aparejados y que tienen como resultante la PERTENENCIA. Como se verá, no estoy abordando un tema de belleza estetizada, sino un tema de VIVIENDA DIGNA, un lugar que genere el habitar.

En conclusión: Si la AUTOCONSTRUCCIÓN responde exclusivamente, al ACTO DE MORAR, tendremos una sociedad de familias solo SOBREVIVIENDO, (que cansado, que terrible). La injerencia del ARQUITECTO es FUNDAMENTAL y debe pugnar para lograr ser un MEDIO de acompañamiento que no delinee CONSTRUCCIONES para MORADAS sino, EDIFICACIONES que se transformen en HOGARES, porque dan RESPUESTA a ESPACIOS VITALES, DIGNOS Y PLENOS.
*****
(*) Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa y actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo.
Su consigna es el estudio profundo del ser humano dentro del espacio arquitectónico como existencia. Es catedrática universitaria, capacitadora certificada, docente certificada para la asignatura de temas de arquitectura y es conferencista en Neuroarquitectura.
Vive en Cancún desde hace veintiocho años.





















