Por Hugo Alday Nieto

Tal y como la mayoría de quienes habrán de leer este artículo saben, la división de poderes de nuestro país adoptado desde el texto constitucional de 1824, señala que el estado federal de los Estados Unidos Mexicanos será siempre libre e independiente de cualquier otra potencia, además de adoptar para su gobierno la forma de república representativa, popular y federal; divida en tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

En tal virtud, sabedores del avance de la división de poderes en el constituyente de 1857 y, después de la reforma de 1917 de la que emana el texto vigente, tenemos conocimiento de que la división de poderes clásica de legislativo, ejecutivo y judicial, adoptó una nueva figura denominada como órganos constitucionalmente autónomos, para venir a perfeccionar el derecho constitucional y administrativo vigente.

Es así como, sabedores de que el poder constituyente de 1824 constituyó la división de poderes en el estado federal, es que estamos claros de que el Poder Legislativo tiene una conformación que históricamente se componía por senadores que por su significado etimológico son aquellos más sabios y de más edad, y la cámara de diputados que representa a todos los sectores de la población, replicando en lo local del sistema federal al poder legislativo mediante diputados locales.

El más bajo nivel académico en la cámara de diputados

Sin embargo, un tema complejo que no podemos dejar de observar, es que la falta de competencias y de conocimiento de los legisladores de México a lo largo de su historia, y que se hace cada vez más evidente, luego de que se hubiese disminuido la edad para poder ser legislador a solamente la mayoría de edad, ya que, tomando en consideración que la media de estudios en este país alcanza la secundaria terminada, el nivel académico de los candidatos a diputados federales en el proceso electoral de 2024 se encuentra en el más bajo de la historia, lo que hace un grave contraste a la inversa con los ejemplos que mencionamos con la vasta capacidad de conocimientos de los constituyentes de 1824 y 1857, así como de los reformistas de 1917.

A fin de no redundar en lo ya expresado respecto del desarrollo involutivo del Poder Legislativo, solamente haremos mención de que, de acuerdo con diversas publicaciones (Vanguardia MX, 19 de febrero de 2019, https://vanguardia.com.mx/noticias/nacional/estos-son-los-diputados-federales-con-mayor-y-menor-escolaridad-quien-tiene-doctorado-y-JQVG3442975), la LXV Legislatura ha sido la de más bajo nivel académico, con 57 universitarios menos que la Legislatura anterior y, con un promedio de 15.48 años de escolaridad.

Y pareciera que la tendencia de los partidos políticos a postular candidatos a legisladores sin preparación continuará en lo federal y permeará directamente hacia los congresos locales, ya que al menos en Quintana Roo, para las elecciones a diputados locales, el Instituto Electoral de Quintana Roo (Instituto Electoral de Quintana Roo, [en línea] https://portal.ieqroo.org.mx/conoceles/2024/#/welcome), ha publicado los niveles de estudio y grados académicos de los candidatos de todos los partidos políticos y coaliciones que participaron en la elección del 2 de junio de 2024, arrojando que por una parte cerca del 60% de los candidatos pertenecen al género femenino, y que el 50% de los candidatos solamente cuentan con bachillerato como último nivel de estudios, sin confirmar si se cuenta con certificado oficial.

Falta de criba

Con esas competencias pareciera que los Partidos Políticos no están haciendo su trabajo de criba de conformidad con Steven Levitsky y Daniel Ziblatt (Cómo mueren las democracias, Editorial Ariel, 2018), lo que nos abre la posibilidad de darle la razón a Slavoj Zizek (Hegel y el cerebro conectado, Paidós, 2023) quien nos deja un exquisito análisis del efecto que la generación milenial posdigital, llamada también como la nueva generación perdida en alusión a la descripción que Ernest Hemingway realizara de la generación perdida de la segunda guerra mundial; y que, si le sumamos su coexistencia con la nueva edad media que de conformidad con Biung Chul-Han y otros autores refieren de la época que vivimos por el exceso de información digital pero la ausencia de contenido real, nos deja una mezcla muy complicada de millennials posdigitales que no se pueden adaptar a los cambios emergidos en una sociedad de desinformación. Claro, existen sus muy honrosas pero contadas excepciones.

Los poderes legislativos de la actualidad, conformados mayoritariamente por esa generación, subsistiendo laboralmente en esta nueva realidad de desinformación en la que se sustituye la lectura de Hobbes, Rousseau, Montesquieu, Cicerón, e incluso de los filósofos modernos citados en el párrafo anterior, por una presentación en Zoom de 20 imágenes carecen de competencias para enfrentar un proceso legislativo que trastoque tratados internacionales, jurisprudencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o que se vea sometida a una Acción de Inconstitucionalidad. Y terminan responsabilizando a algún enemigo de dicha falta de competencias.

Limitaciones y competencias

En algunos casos nos llamarán traidores a quienes expongamos con sustento las bases de este inmenso dilema histórico-constitucional moderno. Y para ello, se hace necesario retomar a Zizek, que nos dice que “No podemos acceder a las cosas, tal como son en sí mismas, nuestra razón se ve limitada, al ámbito de los fenómenos y, si intentamos llegar más allá de estos a la totalidad del ser, nuestra mente se queda atrapada en necesarias, antinomias incongruencias”, es decir, que no se puede argumentar algo que no se conoce, porque no se cuenta con las competencias; y por tanto, al no tener el conocimiento de fondo de los temas a discutir o a argumentar, se opta por buscar siempre un enemigo para destruir lo que se opone a la idea que subsiste en su limitado campo fenomenológico.

Nuevamente, citando al mismo autor en una obra que versa sobre filosofía política y la fenomenología de Hegel y Kant, nos dice que “para Derrida el principal pensador crítico paradójico, le gusta hablar de la deconstrucción como una búsqueda infinita de justicia, y, en la política, de la democracia por venir. Porque ésta nunca llega a estar aquí”. Y aquí es donde aquellos menos competentes para la argumentación jurídica recrearán a las masas la idea de los traidores, porque siempre será más fácil deconstruir que crear, por las mismas razones.

Nos enfrentamos pues, a un proceso de continuidad de un proyecto de nación que requiere de la participación de las personas legisladoras con mayores competencias en el campo que se ocupa, para legislar acorde al estado de derecho nacional y al marco internacional, y con ello, se abre un campo infinito de posibilidades de conocimiento de las personas legisladoras que ocuparán esos espacios a partir de septiembre, ya que de esa conformación depende el crear un verdadero segundo nivel o derribar lo construido como ha sucedido desde siempre, desde la Torre de Babel.

 

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