Por Ignacio Alonso Velasco

En mis anteriores columnas de opinión llevé a cabo un comparativo, a nivel América Latina, sobre el tema de la elección consecutiva de autoridades municipales y la duración de sus administraciones. Para ampliar este estudio del ámbito de Latinoamérica al de Iberoamérica, se deben introducir los datos de España y Portugal.

Ambos países cuentan con periodos de cuatro años a nivel municipal y la reelección inmediata está permitida y, además, de manera ilimitada. Este modelo refuerza la idea de que la continuidad, sometida al control del voto ciudadano, fortalece la legitimidad democrática y la eficacia en la gestión pública.

Es decir, que mientras las autoridades cuenten con la confianza y el respaldo del electorado, podrán continuar en el cargo las veces que haga falta. Esta situación no se da en ningún país latinoamericano, a excepción de Haití, Guatemala y Cuba.

Es claro que estas dos variables, la duración del cargo y la posibilidad de ser juzgado electoralmente al final del ejercicio del cargo, condicionan la eficacia y la responsabilidad con que se ejerce el gobierno municipal. Si el periodo es demasiado breve, entonces se estrechan los plazos para analizar problemas, seleccionar opciones de solución, traducir la solución en política pública, implementarla y, finalmente, hacer patentes sus resultados ante la sociedad. Así, en periodos muy cortos, la agenda se vuelve cortoplacista, se desatienden los problemas cuya atención requiere de ciclos de más largo aliento, la política municipal se vuelve miope.

Si, además, el elector no puede juzgar el resultado final porque el cabildo no puede ser ratificado ni rechazado, los plazos se acortan aún más, al tiempo que la competencia entre los políticos se centra más en ganar (una vez) que en bien gobernar (una vez que se ganó). Esto nos lleva a la conclusión de que incorporar la posibilidad de reelección de los presidentes municipales facilita el impulso de programas de mediano plazo.

La experiencia iberoamericana demuestra que la continuidad en los gobiernos municipales no necesariamente debilita la democracia; por el contrario, puede fortalecerla cuando el principal mecanismo de control sigue siendo el voto ciudadano.

Permitir administraciones con mayor horizonte temporal y sujetas a la posibilidad de ratificación electoral favorece la planeación, la evaluación de resultados y la construcción de políticas públicas de largo alcance. México enfrenta así una disyuntiva de fondo: mantener un modelo político centrado en la renovación constante de actores o avanzar hacia esquemas donde la ciudadanía pueda premiar o castigar, mediante las urnas, la calidad real del gobierno municipal.

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2 COMENTARIOS

  1. Excelente texto que nos invita a analizar, cuestionar y reflexionar respecto a la importancia de adecuar las prácticas políticas a las necesidades de una verdaera democracia en la cual las políticas y recursos públicos beneficien a la población y representen realmente soluciones a las necesidades de cada comunidad y municipio.

    Enhorabuena a Ignacio Alonso Velasco y a grupo Vértice por tener esta calidad de columnistas. Saludos a Luciano Núñez por hacer posible este proyecto periodístíco.

  2. Muchas gracias a ti por el atinado comentario, ya que has sido comentarista del libro. «Debates en torno a la elección consecutiva de autoridades municipales» del que se extrae esta columna de opinión.

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