«Todo aquello que suponga una logística virtual y digital, es lo que mueve la enfermedad del siglo XXI: el Covid-19», opina la arquitecta y escritora.

 

 

Por Isabel Rosas Martín del Campo

 

Es necesario dar cuenta de la constante problematización a la que estamos sujetos día tras día. Apenas concluye un problema y surge inevitablemente otro de mayor envergadura.

Tal parece que estuviésemos condenados a sufrir de por vida. Tal cuál lo profetiza la biblia y sus legados dogmáticos cuando nos explicita que estamos sólo de paso y que, en este trayecto el sufrimiento redimirá nuestras culpas y pecados únicamente con el sufrimiento abnegado y aceptado conscientemente.

El Covid, llamado antes coronavirus, ya es una secuela viviente. A pesar de las vacunas suministradas a unos por decisión propia y a otros por obligación laboral, no consta para que el virus COVID-19, como es el caso de otras enfermedades (sarampión, viruela, etcétera), quede erradicado de nuestro organismo.  Latente en nuestro sistema, a diferencia de una gripe que no espanta a nadie, el Covid, sigue atemorizando a la población entera.

«Agnósticos» a la vacuna

Ya está en camino la cuarta dosis de refuerzo a las tres anteriores y aun así los casos de contagio no son detenidos por el sistema inmunológico de cada individuo contagiado y vacunado. Quizá la proliferación fuera inconmesurablemente menor si una gran cantidad de “agnósticos” se hubiesen suministrado ya las vacunas.

Manipulación de las conciencias

Pero una fuerte corriente de pensamiento se asume en contra de este movimiento de masas, argumentando que la aplicación de la vacuna es, en cambio, una infiltración que podría manipular nuestro ADN, o quitarnos nuestra libertad individual. Caso, en mi opinión, que ya ha sido aventajado con el invento del smartphone, que traemos en nuestras manos por lo menos (mientras estamos despiertos) un 80 por ciento de nuestro tiempo conscientes. Y que sabe lo fundamental de cada habitante-ciudadano de este planeta para manipular nuestras conciencias con el consumo de contenido, productos e ideas que mueven a todo un conglomerado de tribus humanas que se van decantando cada una en la trinchera que al sistema capitalista conviene.

La realidad Vs. la virtualidad

El teletrabajo. La teleeducación y todo aquello que suponga una logística virtual y digital, es lo que mueve la enfermedad del siglo XXI: el Covid-19. El ser humano requiere de interacción social humana verdadera y aunque el sistema pueda pensar que hay una contención que lo evita; la realidad siempre superará todo aquello que el hombre crea que es superior a la inteligencia de la naturaleza a la cual cree manipular.

Quizás el fin del camino hacia la inmunidad planetaria esté todavía muy distante. Pues según informa la RTVE, apenas el 67 por ciento de la población mundial ya ha sido vacunado (al menos con una dosis). Esto significa que esta cantidad sigue siendo relativa e innecesaria para quitar la incertidumbre que prevalece en el mundo. La organización Mundial de la Salud (OMS) se ha impuesto llegar al 70 por ciento para mediados del presente año; pero de qué depende que esta cifra se cumpla y de qué depende que el 30 por ciento restante llegue algún día a ser.

Creer

Tal vez, depende de una sola cuestión: creer en la vacuna y aplicársela; creer en la buena alimentación, creer en el ejercicio físico, mantenerse ocupado en cosas positivas, pero, sobre todo, no perder la esperanza de que cada tragedia de la vida supone una reconciliación con la conciencia humana.

 

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