Por Nicolás Durán de la Sierra

Las recientes visitas al Estado de Claudia Sheinbaum y de Xóchitl Gálvez, ambas candidatas a la presidencia del país, poco aportaron al sabor del proceso electivo en marcha. Los discursos de ambas fueron los de siempre y no hubo, siquiera, algún desplante digno de memoria.

En lo básico, ello se debe a que la segunda más parece comparsa de la primera, que su antagonista política.

Poco aportaría a nuestra democracia el que la candidata de Morena, la favorita, no tuviera contrincante alguno y en ello Xóchitl Gálvez le hace gran servicio.

La peculiar exsenadora panista sabe que es harto difícil que, en las urnas, siquiera se acerque a la candidata oficial, mas en contraparte está consiente también que ya es parte, si bien menor, de nuestra historia política, que no es poco.

Esto lo saben también quienes respaldan su pobrísima campaña electoral, una campaña basada no en exponer ideas o en tratar de ganar a los inconformes con López Obrador, sino en denostar a éste, con lo que – la ironía- hacen más jugosos sus coloquios matutinos.

¿Qué quieren, entonces, quienes la patrocinan, más allá de los evidentes como Claudio X. González?

Grandes corporaciones

Detrás de Xóchitl Gálvez están grandes corporaciones y grupos de derecha que quieren que ella “jale votos” a las cámaras legislativas, son lobbys como BlackRock que van por concesiones que les rindan ganancias, que soberanía y democracia con ellos no comulgan.

Por eso Alito o Marko Cortes se hacen de curules y escaños; por eso es que la futilidad de su candidata es irrelevante; por eso es que ir por la ‘Silla del Águila’ es solo un paso formal, pues el negocio no está allí.

Los discursos de ambas, adelantados una y otra vez por medio de las redes sociales, carecen de la miga que se dio en las campañas presidenciales pasadas. Una repite las posturas del presidente, mientras que la otra ataca, sin ton ni son, lo dicho por su contraparte. Tal falta de estrategia política por parte de los partidos opositores no puede ser accidental; van por el poder legislativo.

La lucha política real se da y se dará aún más por los espacios en ambas cámaras, y en el espacio legislativo la oposición no tiene una gran desventaja, tanto que ha evitado que Morena y sus satélites tengan una mayoría calificada. Por tal es que el presidente ha tenido que recurrir, para cumplir sus objetivos, a sus ya famosos planes B y hasta C. Tiene sólo una mayoría simple.

Los partidos de la coalición Va por México (también hay otros partidos con participación legislativa), tienen casi 230 espacios en ambas cámaras, pero esperan llegar en este año a 250 curules en la cámara baja –tienen 198- y a 60 escaños senatoriales, 29 más de los que cuentan, según, claro, su estimaciones electorales.

Lo dicho, la campaña presidencial es irrelevante, pues la apuesta fuerte está en el Poder Legislativo.

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