Por primera vez la oposición no se quebró ni (extrañamente) se fisuró.

Por Luciano Núñez
Cancún, Quintana Roo. He contado este cuento calamitoso y breve a muchos amigos en los cafés.
Es sobre cómo el gobierno argentino recobró la supremacía del Estado sobre su empresa petrolera, YPF, lo que es PEMEX para México.
Me tocó visitar mi país de origen en el año 2012, y en esa oportunidad, vi interminables filas de autos y transportes sin poder comprar gasolina magna, es decir, la barata.
Según informó el gobierno en ese entonces Cristina Kirchner era la presidencia, la empresa estatal, dominada en ese entonces por la española Repsol (que tenía el paquete accionario mayoritario), decidió que era “más redituable fabricar combustible para aviones”, en esa época un gran negocio.
Así, el pueblo argentino vivió la escasez más grave del combustible que mueve el país: el que usan los transportistas.
Durante esos días de paralización se arrojaron a la basura miles de litros de leche, de frutas y verduras, de pescados y carnes que no llegaron nunca a destino.
Fueron días aciagos para todo un pueblo mientras los inversores ganaban millones de dólares con el boyante precio de las gasolinas de aviones.
Fue, por ello, que por decreto presidencial Argentina compró nuevamente (no quiero decir la palabra expropiar) YPF para que sea el país el que tome las decisiones sobre qué combustible producir, que muchas veces no será un negocio boyante, pero dará beneficio a las personas que habitan una tierra con bandera nacional.
México ha perdido ayer esa oportunidad con la negativa a la reforma energética, para que los grandes conglomerados españoles (asociados con empresas mexicanas) sigan haciendo un negocio más que redondo con la energía de México.
¿Qué ganó la oposición?
La oposición ha ganado el haberse mantenido como bloque, en sentar un precedente en contra de un presidente que les venía ganando todas las batallas electorales e ideológicas, todas.
Fue la primera vez que el bloque extrañamente no se rompió y ni siquiera se agrietó.
Eso sí, con argumentos muy delgados y pocas intervenciones lúcidas.
Sólo un diputado pidió que se investiguen a las empresas que no cumplen con las promesas contractuales de generar energías limpias.
“Se cometió un acto de traición a México por parte de un grupo de legisladores, que en vez de defender los intereses de la nación, del pueblo, se convirtieron en francos defensores de empresas extranjeras, que se dedican a medrar, a robar.
Y estos diputados respaldaron a los saqueadores
Lamentable lo que sucedió, aunque tampoco extraño. Así ha sucedido en otros tiempos”, dijo AMLO en la Mañanera de hoy.
Y que lógicamente tendrá una consecuencia electoral el próximo 5 de junio, en el que Morena podría ganar en cinco de seis estados en los que hay elecciones. Todos los diputados por Quintana Roo: Juan Carrillo Soberanis (PVEM), Alberto Batun (Morena), Anahí González (Morena) y Santy Montemayor (PVEM) votaron todos a favor.
Ahora lo que sigue es la Ley Minera, para que sea el Estado el que controle ese recurso que gana terreno en la industria automotriz y aparatos electrónicos.
Quizás pasen muchos años para que el Estado diga que la minería “no es un negocio para el estado” y que mejor lo manejen las empresas privadas y extranjeras.
Para que el círculo siga el curso que ha tenido en esta breve y lamentable historia, en la cual, los gobiernos Latinoamericanos entregan sus riquezas naturales para que, desde un puñado de empresas extranjeras, se controle y se privilegien negocios, no a las personas.
Volverá así la lucha electoral a corregir la historia de entrega que ha sido el sello de nuestras latitudes.
Así ha sido la historia de Latinoamérica y, al parecer, que así seguirá.
Un cuento en verdad escabroso e inentendible de Conquistadores y conquistados.




















