
Por Luciano Núñez
En una serie de los años 90, Dinosaurios, los animales tenían que derribar árboles para evitar que el exceso de oxígeno los matara. En una famosa escena los encargados de dicha tarea se van de juerga y los árboles crecen con una rapidez aniquiladora. Mientas Usted lee esta nota, cientos de hectáreas son arrasadas en Quintana Roo y en todo el mundo. En Quintana Roo desaparecieron siete mil hectáreas de manglar. El desarrollo implica eso: erosionar el planeta. El arribo masivo de sargazo viene a recordarnos algo: que el planeta está cambiando sobre la marcha que lo cambiamos.
Imparable destrucción para construir
Hay un doble filo muy complejo y muy estudiado en todo el mundo cuando se trata de mover recursos naturales a gran escala para obtener más desarrollo. En África se talan miles de hectáreas para plantar palmas y obtener recursos para sus pueblos estrangulados por la pobreza. Diremos con toda lógica que habría que parar esta vorágine por arrasar y construir, pero seguramente Usted, y yo, estamos viviendo en una casa cuyo terreno no muchos años antes fue bosque o selva.
En la zona sur de Benito Juárez, Cancún, cientos de hectáreas de selva baja son arrasadas para construir desarrollos inmobiliarios. Otro sector no menos talado será la zona que circunda al Aeropuerto Internacional de Cancún. El desarrollo no descansa en Cancún, tierra de oportunidades y de grandes ecocidios y excesos también. Todo lo que hemos hecho a este paraíso del Caribe Mexicano parece estar regresando como un tapete oscuro de alga, como si las leyes del universo se empeñaran en mandar un mensaje.
Como si hubiera pasado un huracán

Ahora, ¿habrá suficiente dinero para tantas toneladas de algas? Según una nota de Proceso se requieren mil millones de pesos para el retiro de semejante cantidad, algo así como lo que se usó para la reconstrucción de playas tras el paso del Huracán Wilma.
El problema es mayúsculo y de índole internacional. México solo no podrá remediar algo que afecta a muchas de las costas de América: el problema también está afectando a buena parte de Brasil (norte), varios países del Caribe e, incluso, Estados Unidos.
Ayer, el gobierno del Estado que encabeza Carlos Joaquín González ha dispuesto un esquema de trabajo y 15 millones de pesos para empezar a retirar la macro-alga. Pero si el gobierno federal no interviene, la tarea será imposible sin afectar la economía de los gobiernos.

La secretaria de Turismo Estatal, Marisol Vanegas, trabajó por casi dos años tratando de tapar el asunto; están ahí sus declaraciones en varios medios de comunicación; en ese sentido, el gobierno estatal ha perdido tiempo y la oportunidad de sensibilizar a las autoridades federales sobre el tema. Dentro de las bajezas políticas, existe una sostenida pugna entre las senadoras Marybel Villegas (Morena), y la panista Mayuli Martínez, por brillar sobre este tema en el que han visto un rédito político. La indigencia política también ha sumado a que, ya estando con el sargazo hasta el cuello, haya quienes incluso, sin medir consecuencias al daño propio, monten campañas negativas con este tema en redes sociales. Una práctica muy aceitada en el gobierno estatal anterior.
Seguridad y ecología
Si comparamos el tema del sargazo con las conclusiones en materia de seguridad, diremos que la prevención ha sido la mejor arma. Remediar los efectos del alga, ¿no es acaso atacar el último eslabón del asunto? Será una tarea de nunca acabar el ir a recoger los efectos de algo que está mal de raíz. Y tratándose de un tema que implica a varios países, la solución estará mirando el asunto con un prisma global. Muchos países que viven como Quintana Roo del Turismo estarán interesados en conformar un equipo interdisciplinario que coloque al tema en la verdadera órbita y dimensión.
Así como hubo acuerdos en los años 80 en la emisión de gases para evitar que el ozono deje de protegernos, determinando el origen de este desequilibrio, podrían haber acuerdos internacionales en el mismo sentido, ya no de beneficios, sino de supervivencia; lejos de quienes ven al sargazo como un negocio y cerca del beneficio común: verdadero objetivo de una política de estadista.
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.
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