Durante el sexenio de Carlos Joaquín, el Estado ha tenido elecciones sumamente violentas desde 2018, y se acerca más a la Tierra Caliente que a Yucatán, donde los niveles de seguridad son mejores que en Europa.

Por Luciano Núñez
El escritor portugués José Saramago ofreció en Ensayo sobre la lucidez una aproximación a una democracia en la que nadie cree, y por lo tanto, nadie sale a votar.
En Quintana Roo han sido tantas las amenazas, las balaceras, e incluso, la muerte de un candidato, que muchos han decidido bajar la cortina antes de tiempo por la falta de seguridad para hacer proselitismo. Por mucho menos que esto, varios presidentes han intervenido estados o provincias en Latinoamérica. Quintana Roo en el sexenio de Carlos Joaquín se acercó más en este proceso electoral a un estado de Tierra Caliente que a Yucatán, donde los niveles de seguridad son incluso mejores que en Europa.
Asesinato a plena luz del día en Puerto Morelos 
Todo comenzó con el asesinato de Ignacio «Nacho» Sánchez, quien era virtual candidato del Partido Verde en Puerto Morelos. Lejos de atemperar la situación, días atrás fue balaceada la casa de su esposa que quedó como candidata, Blanca Merari, aún con Guardia Nacional y Seguridad Pública resguardándola.
Es decir, los delincuentes no ven en la autoridad ningún freno ni temor, mucho menos respeto ni siquiera acuerdos. Todo indica que la política está pasando a ser una cuestión de fuerzas y balas y no de ideas y propuestas. Entristece ese retroceso a la ley del más fuerte o el más armado, para un estado que tiene vocación turística y un faro de empleo para México y el mundo.
Los dirigentes del Partido Verde días atrás denunciaron una balacera, y un candidato de Fuerza por México, dijo que le habían robado en una plaza céntrica de Cancún, en plena luz y a pocas calles de Seguridad Pública.
No son menores tampoco las amenazas telefónicas ni directas, como la que narró Juanita Alonso por parte de Pedro Joaquín Delbouis, en Cozumel, para que se bajara del proceso electoral pasado, cuando Chely Magaña, candidata en Isla Mujeres, fue ultimada a balazos. La cárcel y grilletes (con expedientes mal armados) y las auditorías han sido el garrote del sexenio que termina bajo un manto de inseguridad como nunca antes se vio.
No debe pasarse por alto que los órganos electorales «no vieron» violencia de género ni política en sus fallos, y tuvieron que ser enderezados por los tribunales federales. No hace falta decir quién controla esas instancias locales.
Campaña sin candidatos

Laura Fernández, candidata del distrito federal 4, de la alianza Juntos Haremos Historia, se refirió ayer al complejo panorama. “Las campañas no están suspendidas… continúan con toda la fuerza y organización, pero sin candidatos”. Imagínese, una campaña sin candidatos en el que las balas mandan, algo que ni el encierro por COVID pudo hacer, lo logró la violencia extrema.
Una de las obligaciones del Estado Mexicano es garantizar los derechos fundamentales. La situación de inseguridad política que guarda el Estado de Quintana Roo no puede garantizar ni la seguridad de los candidatos, ni su circulación su ni libertad de expresión.
¿Cómo se desarrollará entonces la elección el 6 de junio?
Resulta difícil preverlo porque, ni en el quinquenio —para el olvido— de Roberto Borge, ocurrieron excesos de tamaña violencia preelectoral.
Escenario bajo este panorama
Si los procesos electorales pasados no resultaron como el gobernador había planeado, bajo este panorama, difícilmente pueda revertir los números del pasado: en 2019 el Congreso quedó con 11 de los 15 escaños en disputa para Morena; y en 2018, los principales municipios en la oposición Estatal.
El líder del partido guinda, Humberto Aldana, hizo un enérgico llamado al voto, cuando el panorama se ha convertido, literalmente, en un campo de batalla.
Una elección que ya comenzó mal y ojalá quede en el olvido, con el lamentable accidente en el que perdió la vida la esposa de José Alfredo Contreras, «Chepe», candidato de Bacalar de la alianza Va por Quintana Roo.
Ser periodista o político en Quintana Roo se ha convertido en este sexenio en una profesión de alto riesgo. Sin garantías y en un Estado fuera de control electoral.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide.
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