Por Luciano Núñez
“Hay derrotas que tienen más sabor a triunfo”, dice una conocida frase. Y la caída del Plan B, que supuso una derrota para AMLO, que quería a toda costa modificar de raíz el Instituto Nacional Electoral, trae gracias al fallo de la Suprema Corte, un aire democrático a México, una consolidación en la división de poderes y muchos otros sentidos que valen la pena destacar.
Empecemos por el inicio. El INE tenía para AMLO un carácter personal.
Achacó al organismo el no haber ganado las elecciones antes, cuando en 2006 perdió por menos de un punto porcentual.
Para él fue acaso lo que el “apagón” para Cuauhtémoc Cárdenas, cuyo responsable, Manuel Barlett, es ahora su mano derecha en la Secretaría de Energía. Cosas de la vida y de la política.
En el 2012 el asunto fue diferente
La brecha entre el PRI y la izquierda fue mucho mayor, algo así como 3 millones de votos y de nuevo a esperar la nueva estación. Fue la del 2006 la elección que caló hondo en el ánimo del presidente.
Durante su gestión no ahorró críticas al INE y deslizó desde un comienzo la idea de cambiarlo
Vale decir que, gran parte de las modificaciones eran y son por demás sensatas: adelgazamiento del gasto del organismo, sobre todo en los OPLES que duplican algunas funciones, el voto en el extranjero y el voto electrónico, y aplanaba los criterios electorales, que actualmente algunos son locales y otros federales.
El asunto que nunca quedó del todo claro es el método de selección de los consejeros, que hasta hubo propuestas de apelar al penoso sistema de la tómbola, donde el azar no contempla el mérito ni las condiciones para organizar elecciones que son, nada menos, que custodiar el futuro del país.
Un punto no menor es la cercanía con el actual gobierno de las y los consejeros propuestos para ser consejeros: Bertha María Alcalde Luján (hermana de la secretaria federal del trabajo), Lulisca Zircey Bautista Arreola (esposa del subsecretario de Sedatu, Guadalupe Alvarez Rescón, hija de un senador de morena, entre otros nombres más vinculados a corrientes políticas que a las dotes electorales.

El asunto central aquí no es si perdió o ganó AMLO, el trasfondo es que en México existe la división de poderes, en tiempos donde prevalecen los deshonrosos atropellos al pensamiento diferente, como sucede en totalitarismo como el cubano o el ruso, donde disentir es sinónimo de cárcel o incluso muerte.
Lorenzo Córdoba salió a decir que este fallo posibilita elecciones libre y auténticas para 2024.

Sin embargo, no se trata de un asunto muerto. Es seguro que el tema generará otros debates y acuerdos para hacer más eficiente uno de los pocos organismos que todavía conserva cierto brillo internacional.
No menor ha sido la participación ciudadana que, lejos de las banderías políticas, ha salido a dar frente a un asunto que considera no debe estar sujeto a obstinamientos personales, ni mucho menos, llevar el asunto a confrontaciones que generen telones políticos.
¿Podrá la oposición capitalizar este revés en las urnas el año que viene?
A la luz de los acontecimientos: las elecciones en los estados, no han podido encontrarle la vuelta a la aplanadora que es Morena y aliados. Por muchas más razones, la sensación es que ganó la divisó de poderes y ganó la razón jurídica, por ahora…




















