Cuando el Partido Verde encabezó la alcaldía de Benito Juárez, la administración de Remberto Estrada Barba terminó con menos de 40 por ciento de aprobación; y Gustavo Miranda presidió la Jugocopo con las oficinas tomadas del Congreso del Estado.

Por Jaguar Negro

Cancún, Quintana Roo. El poder, se sabe, es una compleja máquina cuyos botones conducen o al caos o a la gestión, a un camino alterno y a un laberinto sin fin.

El último gobierno del Partido Verde que encabezó en Benito Juárez Remberto Estrada Barba, acabó con menos de 40 por ciento de aprobación ciudadana.

¿Por qué? Fueron noticia nacional tanto las ejecuciones semanales como el escándalo de las patrullas, cuya renta costaba más cara que comprarlas; la falta de coordinación de su gobierno con el del Estado en materia de seguridad y el programa alcoholímetro, convertido en caja chica y nicho predilecto de la corrupción.

Sencillo: no le alcanzó para aspirar a una reelección.

Casa tomada

Luego vino otra experiencia Verde: Gustavo Miranda en la pasada legislatura, cuyos pasos no desentonaron con los de su compañero de partido Estrada Barba.

El grupo feminista (pro despenalización del aborto) le tomó el recinto legislativo por varias semanas; compró tecnología blockchain para encriptado de archivos (algo que ya tenía el Congreso y donde la información debía ser pública) y ni siquiera pudo gestionar la liquidación de una mujer sindicalizada que le generó una crisis mediática.

No menos grave fueron las acusaciones por despojo de departamentos de lujo y el enfrentamiento con el gobernador Carlos Joaquín.

Ahora llegará a encabezar el Congreso del Estado por un año legislativo Renán Sánchez Tajonar, con repentina aparición en la escena política y quien ganó la elección en Cozumel con el menor margen de todos los curules logrados por el partido del Tucán.

Es decir, una frágil solvencia política para electores isleños que suelen dar la espalda ante el menor síntoma de incumplimiento.

Por ahora tendrá el diputado un voto de confianza, mas sobre la espalda del partido que lo llevó al poder pesa un historial difícil de olvidar.

La política, la cosa pública, no es para quienes se aburren de administrar la empresa familiar, donde no importan las personas sino las ganancias, sino para quienes tienen un verdadero amor y compromiso con esta llamada “patria chica”.

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