Por Jaguar Negro
Ayer tomaron posesión las nuevas autoridades de los 11 municipios en Quintana Roo. Fue un día de luto para la oposición: en todos gobernará o Morena o el Partido Verde.
Pocos días antes, habían tomado posesión las y los diputados de la XVIII Legislatura, en donde Morena y el Partido Verde logran mayoría calificada, es decir, no necesitan de los votos del PAN, del PRI, MC y ni siquiera de su aliado, el PT. Pueden modificar la Constitución y hacer los cambios que la imaginación les permita.
La historia de las civilizaciones, principalmente la romana, dice que el poder absoluto no es saludable para una democracia. Nunca lo ha sido. Se rompe un equilibrio en el que no se exponen ideas diferentes ni se contraargumenta.
Así, en esta nueva hegemonía, quienes tenían un pequeño rol opositor, de disidencia, han decido paulatinamente migrar al bando ganador, ya sean alcaldes, diputados o líderes, para dejar un vacío que, veremos más adelante, quien lo toma o se anima a tomar.
La narrativa de AMLO
En todos los frentes la oposición no pudo contrarrestar la narrativa de AMLO, que ha dominado la agenda y la comunicación en los últimos seis años.
Es inédito que un presidente acabe su gobierno con niveles tan elevados de aprobación: entre el 60 y 70 por ciento. Algo que se explica sencillamente porque gobernó para una población muy numerosa en el país: la los pobres, que representaban el 42 por ciento, en 2018, y en 2022 esa cifra había bajado a 2022.
De acuerdo a cifras oficiales, más de cinco millones de personas salieron de la pobreza en su mandato. Sin embargo, los niveles de aprobación integran a su porcentaje a un amplio sector de la clase media e incluso empresarial, que no fue excluida de las grandes obras que hizo su gobierno, como el Tren Maya, el Puente Nichupté o el Istmo de Tehuantepec.
Un escenario hegemónico
Volviendo al ámbito local, el escenario es tan hegemónico, que ya no es ni siquiera nota que la oposición vote en cabildos y legislatura por el bloque oficialista.
Incluso, la política que había mostrado más firmeza para enfrentar a la 4T, exalcaldesa de Solidaridad, Lili Campos, decidió ayer no asumir la regiduría (que había logrado al quedar en segundo lugar en la pasada elección) y dejó en su lugar a la ex tesorera y diputad, Kira Iris San.
Quien ha intentado esbozar un papel disidente es el doctor José Luis Pech, por Movimiento Ciudadano, quien por cierto ha transitado la mayoría de sus años en el 4T: fue candidato a gobernador por Morena y senador. Es un opositor con el corazón y media camiseta puesta en la 4T.
Menos aún se podría esperar algo de Reyna Tamayo, líder del PAN, quien votó en Benito Juárez parejo y tupido a favor de Morena, sin esbozar un atisbo de oposición, incluso, en el proceso electoral dejó sola a Campos en momentos decisivos.
Sin lugar a dudas la elección de magistraturas del poder judicial será un campo de batalla electoral en el que se verá si la oposición logra posicionar algún liderazgo, alguna idea que permitan pensar que alguien piensa y argumenta de manera diferente. Por ahora, están de luto.




















