Por Jaguar Negro

Cancún, Quintana Roo. La industria hotelera ha sido históricamente beneficiada con el boom que significó Cancún y los destinos turísticos que siguieron el mismo camino y concepto: Playa del Carmen, Tulum, Puerto Morelos e Isla Mujeres.

Sin embargo, en la lógica hotelera sólo caben las ganancias, la expansión de hoteles y el uso ilimitado de los recursos naturales.

Como antecedente, cabe recordar que ante la pérdida de playas tras los huracanes Wilma y Dean, se negaron a aportar al fideicomiso para la recuperación de los arenales, y tuvo que hacerlo el gobierno con recursos propios, al que aportaron tanto la federación como el Estado y los municipales.

Durante la pandemia la hotelería despidió a gran parte de los empleados y ahora, que la afluencia de turismo vuelve a recuperarse, se oponen rotundamente al incremento al impuesto al saneamiento, que ronda los 30 pesos, cuyo costo pagan los turistas, es decir, no deben aportar ni un peso de sus boyantes ganancias que, en gran parte, van a parar a España. Ahora dicho impuesto rondaría los 70 pesos.

El destino de estos recursos: lo han aclarado las autoridades, en su momento Mara Lezama y ahora la alcaldesa Ana Patricia Peralta, van a parar en un 30 por ciento a la recuperación de playas, mantenimiento y limpieza, con beneficio directo para la hotelería, y otro tanto para la seguridad e infraestructura. Ni siquiera están de acuerdo en el autobeneficio.

Pareciera que el concepto “prosperidad compartida” no entra en el vocabulario hotelero, que sólo admite ganancias y más ganancias, como si la ciudad, y sobre todo su gente, no aportaran valor a sus negocios ni mucho menos importara mejorar el entorno en el que viven sus trabajadores.

Además, nos dicen que en las reuniones previas estuvieron de acuerdo y, apenas saliendo, lanzaron mensajes sobre la inconformidad con la decisión de actualizar los costos por vacacionar en uno de los destinos líderes de Latinoamérica.

Un gran tema será, sin dudas, la regulación del «all inclusive», así como se ha hecho en los países de Europa y Norteamérica, cuyos empresarios tienen sus hoteles en Quintana Roo, donde hacen y deshacen como si se tratara de su hacienda. Viene siendo hora que adopten vocabulario nuevo y reglas nuevas.

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