
Por Jaguar Negro
Cancún, Quintana Roo. En psicología es conocido el juego de roles de los Juanes.
Tiene que ver, esencialmente, con el Juan que uno cree ser, el que es —en verdad— y el que cree que los otros ven.
Al parecer en el viejo PRI hay figuras que creen, en ese Juan que ambicionan y todavía anhelan, que dan realce a los eventos que asisten, cuando en realidad, su sola presencia los deja en ruinas.
Han endeudado al estado (hasta empalagarse), echado mano del erario público y han dejado los asuntos públicos en manos, no sólo inexpertas, sino gansteriles; y además, pareciera que no saben leer números: la ciudadanía que antes aplaudía y votaba por ellos les ha dado rotundamente la espalda en las urnas. Ahora pretenden reciclarse en la 4T.

Lobos vestidos de 4T
En manada se afiliaron a la 4T y piensan que nadie puede detectar a un lobo burdamente vestido de oveja.
Confían en ese Juan que, en la distorsionada ilusión, sigue entendiendo de política, de sindicatos y de los resortes oscuros del poder.
Ayer, en Cozumel, hubo impresentables que destiñen cualquier color como el cloro.
Ser invitado de honor no significa ser honorable. Y, como el personaje de Babylon, interpretado por Brad Pitt, lo patético es no saber retirarse o, al menos, dar espacio a los que vienen, porque los tiempos son otros.
No. Prefieren las luces a costa del escarnio.
¿Quiere nombres? Usted amable lector sabe quiénes son y, si es usted el que está leyendo esta breve opinión del Jaguar, sepa dar ese difícil paso a la boyante jubilación construida con recursos del estado.
El problema es que siempre ven el Juan que quieren ver, al que todavía sobra talento político y visión. Sin embargo, hay memoria, hay un pasado para ese otro Juan que es el verdadero.




















